Los impuestos no son un tema muy popular y, en particular, los gravámenes a la riqueza o a las herencias son muy controvertidos. Recientemente, la OCDE publicó el estudio “The Role and Design of Net Wealth Taxes in the OECD”, donde aboga por este tipo de imposición tributaria. Asimismo, el organismo recomendó a México la adopción de un impuesto a las herencias (IH). Antes de discutir lo apropiado de tal gravamen, revisemos qué es lo que motiva a que los individuos realicen transferencias intergeneracionales. En la literatura económica esto se conoce como the bequest motive (el motivo para legar). Parte del principio del altruismo: las personas derivan una satisfacción de saber que una siguiente generación (i.e. sus hijos) podrá gozar de la riqueza que dejan al morir. Otro factor para heredar se deriva de la incertidumbre del momento de la muerte. Tratamos de ahorrar precautoriamente por diversos medios, para que el riesgo de longevidad no agote los recursos para financiar la vejez. La porción de este ahorro que no se utilizó se hereda de acuerdo con el contrato testamentario. Se puede considerar que la posibilidad de transferencias intergeneracionales de activos (una vivienda, cuentas bancarias) son un incentivo al ahorro y a la inversión.

Ya sólo debido a esto último, un IH distorsiona los incentivos para el proceso ahorro-inversión. El motivo de legar también hace que un IH sea considerado inmoral y antisolidario con la siguiente generación. El argumento económico más sólido contra ese gravamen es que hay una doble tributación, pues se gravan recursos y activos que ya causaron y pagaron un impuesto.

Para defender el IH, la OCDE sostiene que puede disminuir la desigualdad y la concentración de la riqueza. Argumentan que es un gravamen que cumple con los criterios de eficiencia y equidad tributaria. Sin embargo, esto es dudoso, porque la teoría de las finanzas públicas indica que los impuestos no son una buena herramienta redistributiva, para ello están los instrumentos del gasto público y un crecimiento económico sostenido. Además, hay formas de elusión y evasión del IH que los individuos pueden llevar a cabo al momento de estructurar su patrimonio familiar, como, por ejemplo, escriturar un inmueble a nombre de un hijo. Asimismo, la estructura de IH podría ser complicada, pues debería contemplar un nivel de exención para proteger a las familias de menores ingresos, pero ¿cómo definir este concepto para el IH? Inevitablemente, la exención se consideraría por algunos como “injusta”, contraria a la equidad tributaria. Su única ventaja: un instrumento recaudatorio más para la autoridad. Un IH existe ya en varios países, se estima que el promedio de su tasa en los que lo tienen es cercano a 15 por ciento.

En esta ocasión, la OCDE se equivoca al hacer esta recomendación a México. Sería un gravamen confiscatorio que atenta contra la legítima disposición del patrimonio construido legalmente y que pagó en su momento los impuestos correspondientes. Es una muy mala idea que no debe ser considerada por las futuras autoridades hacendarias.

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