A partir de la caída de Grupo Saba, el negocio de la distribución de medicamentos está en plena reconformación. Algunos miembros de la Cámara Nacional de la Industria Farmacéutica (Canifarma), presidida por Dagoberto Cortés, andan viendo opciones para incidir en favor de una mayor transparencia y ética en el negocio de distribución, imprescindible para la venta de medicamentos en México.

En la última asamblea ordinaria de Canifarma, que dirige Rafael Gual, se planteó invitar a las empresas distribuidoras como miembros adherentes de dicha cámara. Estaba en el orden del día, pero a la mera hora se sacó de los puntos.

La propuesta quedó en el aire, pero tiene un sentido. Sería una manera de empujar a distribuidoras como Nadro, Fármacos Especializados y Marzam a adherirse al Cetifarma (Consejo de Ética de la Industria Farmacéutica) e implícitamente al Código de Ética que hoy es de los más avanzados y tomados muy seriamente por los miembros de una industria, no sólo del país sino a nivel internacional. El temor de quienes se oponen a dicha propuesta es que una integración de distribuidoras a Canifarma implicaría conflicto de interés o incluso señalarse de colusión entre competidores. Es algo de lo cual se debe cuidar siempre el sector productor de fármacos debido a que, si bien compiten abiertamente con sus productos en el mercado, a la hora de colocarlos en estantes todos dependen de las mismas distribuidoras.

Tardará en sanar la profunda herida que Saba ha dejado a la industria productora de medicamentos. El hueco heredado es de más de 7,000 millones de pesos. Es lo que Saba debe a las productoras farmacéuticas, y no se ve de dónde puedan salir.

Si bien la distribuidora Saba aún opera, lo hace a niveles ínfimos. Está colapsada. De los 34 millones de pesos que vendía al mes, acaso lo hace por 2 millones. El problema es la deuda con la que deja colgados a prácticamente todos los laboratorios que operan en México. Algunos tuvieron la idea de convertir su deuda en acciones de Saba, pero entonces se dieron cuenta de que lo que queda de Saba es un cascarón.

Saba ya no tiene activos. Lo que eran sus propiedades inmobiliarias y sus centros de logística son parte de otras empresas. Es decir, es Saba la que tiene la deuda con las farmacéuticas, pero son otras empresas las dueñas de los activos con los que opera Saba. Ni sentido tendría que Saba se fuera a concurso mercantil, porque no queda nada para pagar a acreedores, y mucho menos a proveedores que se van a quedar con su faltante. Pareciera que Manuel Saba vio venir la tormenta y cubrió sus activos como pudo ante el escenario que hoy está viviendo la empresa. Por ahí se busca que haya consolidación de las distintas empresas de la familia Saba, pero parece que la opción no está caminando.

Es un asunto delicado. Se habla de que ya se están conformando demandas penales contra Saba, y de ser así tendrá que dar cuentas el responsable de la crisis.

Dr. Simi llega a Perú

Esta semana el grupo Por un País Mejor, de Víctor González Torres, logrará el reto que se había impuesto para este 2014: entrar con su marca Dr. Simi a Perú. Es el tercer mercado fuera de México, después de Guatemala y Chile, donde este corporativo mexicano da un paso en firme.

El plan, de acuerdo con informes de la empresa, es abrir seis tiendas en el primer semestre del 2015 y 200 en cinco años. Suena muy factible, pues en Perú la venta de genéricos no alcanza 20% del mercado nacional y, por lo mismo, tiene los medicamentos más caros de Latinoamérica.

@maribelrcoronel