Son las dos ideas que ofrecen las fuerzas políticas con posibilidades de disputar el poder en el 2018

Un gobierno para cambiar o una alianza para conservar. Ésas son las dos ideas que ofrecen las fuerzas políticas con posibilidades de disputar el poder en el 2018. Las propuestas que desde hace años construye López Obrador proponen cambios que reduzcan la desigualdad en todas sus manifestaciones, que den al Estado mayor capacidad de promover desarrollo, que ofrezca oportunidades reales de acceso a servicios de educación y salud, de políticas de seguridad que consideren la prevención y la reconstrucción de las comunidades.

El comercio es importante para lograr prosperidad, pero sus efectos negativos tienen que compensarse y las ventajas tienen que construirse y potenciarse. Para eso se propone un frente nacional al que se sumen los que consideren que esta agenda es la que el país requiere. Del otro lado se dice que se necesita una alianza entre partidos con ideologías distintas para alcanzar acuerdos y se puedan realizar reformas.

En mi opinión, la segunda propuesta parte de una premisa falsa: que la falta de acuerdos políticos ha sido la causa de los problemas de nuestra democracia y de la economía. En realidad, las reformas institucionales y las de mercado se han desarrollado con enorme rapidez. De hecho, el problema es la falta de contrapesos eficaces y de una discusión profunda de los cambios realizados. El problema es que las políticas han sido las equivocadas, no la falta de condiciones para gobernar y hacer reformas. El problema ha sido la falta de compromiso de los actores por consolidar verdaderas instituciones políticas democráticas y económicas que generen crecimiento y reduzcan la desigualdad.

La alianza que dicen querer construir el PAN y el PRD es para mantener las políticas actuales. Como en el balance de poder prevalece el PAN, quien determinará al candidato presidencial, la oferta será mantener el actual estado de la cosas. El PRD serviría sólo para moderar el discurso. Es una alianza para ganar el poder, en la que la agenda no es importante. La narrativa es que México no ha hecho las cosas tan mal, por lo que sólo es cuestión de no desesperarse para tener resultados. Eso significa aceptar el bajo crecimiento económico, mayor desigualdad, la militarización como la estrategia de seguridad y la pobre provisión de servicios públicos. Eso significa que se mantenga la captura del presupuesto público y de las instituciones que supuestamente deberían garantizar transparencia y rendición de cuentas.

Temas como el de gobiernos de coalición, que pueden servir para ganar márgenes de maniobra a la hora de gobernar, pueden ser importantes, pero no son fundamentales a la hora de plantear las soluciones que el país requiere. En realidad, necesitamos un debate para discutir las políticas que harán de México un país más democrático, más seguro, más próspero, más igualitario y más justo. Esas políticas tienen que ser, en muchos aspectos, distintas a las que hasta ahora hemos desarrollado.

Eso no significa poner en riesgo aspectos como la estabilidad financiera o buscar que la economía funcione con mayor eficiencia, pero sí replantearnos la manera como gastamos los recursos públicos, la forma en la que participamos en los procesos de globalización, de cómo regulamos sectores como el financiero o como hemos fallado en proporcionar seguridad a los ciudadanos. Eso requiere de un proyecto de cambio progresista, no una alianza en donde las políticas se reduzcan a los mínimos comunes.

Diputado de Morena.

Vidal Llerenas Morales

Político

Columna invitada

Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), cuenta con una Maestría en Política y Gestión Pública por la Universidad de Essex, Reino Unido y un Doctorado en Administración y Gerencia Pública por la Universidad de York.