Ante las protestas de una parte de la sociedad civil y de los ecologistas, y a pesar de sus declaraciones repetidas, el gobierno francés decidió abandonar la idea de construcción del aeropuerto internacional que hubiera dado pie al desarrollo de la región.

Eso pasó en enero del 2018... en Francia con el fin del proyecto de construcción del aeropuerto de Notre-Dame des Landes en el lejano Oeste de París. El debate sobre el aeropuerto, cerca de Nantes la metrópoli al oeste de Francia, a 400 kilómetros de París empezó ya en los 60 pero se agudizó durante el quinquenio del presidente Hollande que expiró en mayo del 2017. A pesar de las manifestaciones a veces violentas de los opositores al proyecto, por razones ecológicas, el gobierno había repetido su intención de seguir adelante con el aeropuerto. Ante la radicalización de las protestas, y la ocupación de la zona de las obras por grupos extremistas que la erigieron en “ZAD, zona a defender”, se decidió sin embargo organizar una consulta regional no vinculante. De los votantes, 55% expresó su acuerdo con la construcción del aeropuerto. El nuevo presidente Emmanuel Macron también defendió la construcción del aeropuerto en su campaña electoral.

Sin embargo, decidió finalmente romper con los compromisos de todos sus predecesores así como con sus promesas electorales, ignorar la consulta popular y la ira de las autoridades locales en gran mayoría favorables al proyecto. Además, Francia podría acabar perdiendo 600 millones de euros, o sea 726 millones de dólares, con esta decisión presidencial. Y eso no incluye los costos de evacuación de los ecologistas que ocupan la zona desde hace más de un lustro.

Macron cortó por lo sano en un largo debate que sólo prometía un deterioro constante y la edificación multimillonaria de un aeropuerto que iba a nacer ya con una mancha indeleble. Decidió escuchar a los expertos técnicos y explorar otras posibilidades, siempre las hay (en este caso ampliar y modernizar el aeropuerto que ya existe en Nantes, así como mejorar las conexiones ferroviarias de la región). Las tierras requisicionadas por el gobierno para su proyecto serán entregadas para proyectos agrícolas, implementados en parte por los exocupantes de la zona. Macron también decidió enfrentar el inevitable costo político de esta decisión de parte de todos los partidos, así como los elegidos locales.

Después de lustros de tergiversación, el gobierno galo decidió tomar una decisión rápida y eficaz, en contra de la opinión de los sectores económicos y políticos, sin aceptar los resultados de una consulta. Contrariamente a las expectativas, esta elección no provocó protestas masivas ni en la región ni en el resto del país. Los ocupantes ilegales fueron, difícilmente, evacuados y algunos se reinstalarán legalmente para ejercer la agricultura.

Macron podrá ser el defensor del liberalismo económico, pero en este caso tomó una decisión costosa a corto plazo pero que tome en cuenta consideraciones políticas de largo plazo, es decir, la protección del medio ambiente y la evolución tecnológica que evita ampliar demasiado los aeropuertos. Eliminó un problema que había heredado de todos sus predecesores.