Grecia puede convertirse en el detonador de una gran crisis en Europa, tal y como lo fue Lehman Brothers en el 2008, advierten algunos miembros del Consejo del Banco Central Europeo.

La comparación no es gratuita, aunque tenga su dosis de amarillismo. Grecia lleva 18 meses en crisis y requiere un segundo paquete de ayuda que vale 100,000 millones de euros. No hay acuerdo sobre lo fundamental. ¿Quién lo pagará?, mejor dicho, qué parte corresponderá a cada uno de los protagonistas. Los bancos acreedores deberán aceptar una pérdida. Los países de la Unión Europea tendrán que hacer otra transferencia de recursos. A gobierno y ciudadanos de Grecia les toca aceptar un regreso forzado al tercer mundo.

La situación se agrava porque el acuerdo se aleja. Lo dramático de esta semana es que las diferencias se han acentuado. Nadie cede. El riesgo de contagio crece, por eso cae Wall Street y otros mercados. Más allá de lo financiero, está el peligro de estallido social. El gobierno debe imponer un plan de austeridad que reduzca el déficit público, el cual se encuentra en 10.5% del PIB. No es fácil hacerlo en un país donde la economía ha caído más de 9% en 18 meses y el desempleo ha crecido 40% en un año. Es una película de terror que no tiene final feliz para Grecia.

Puede haber default y salida de la zona euro. El fuego está ahí. Los ministros dudan entre usar agua o gasolina.