La definición del Estado ha ocupado una buena parte de la literatura jurídica y política de los últimos dos siglos. En ella abundan tres tipos de argumentos: ¿Qué es el Estado? ¿Qué hace el Estado? y ¿Qué debe hacer? Respecto de ésta última, la pregunta central, consiste, en ¿Para qué hace lo que hace? ¿Hacer qué cosas y para qué objetivos?, es la pregunta central.

La literatura sobre el Estado abreva de muy diversas corrientes y ha construido muy diversas visiones. Mientras sigue concibiéndose el Estado como un ente solido y con objetivos definidos, la realidad es que es cambiante y caprichoso. Es muchas cosas al mismo tiempo, que deben ser acotadas y normadas a través de instituciones y del derecho.

Diversas escuelas se han centrado en lo qué es y lo que debería hacer. Otras a tratar de describir, ¿qué hace? para un solo objetivo, que es ordenar y, sobre todo, crear las condiciones para que la producción capitalista pueda reproducirse. Si nos adentramos en ello, la pregunta que surge es ¿para qué, las hace? ¿porqué las hace?

El Estado de manera genérica y para resumir, el Estado se ha convertido, a lo largo del tiempo: en un actor central de la vida pública; una arena de disputa; un reflejo de la sociedad en la que éste se construye; un facilitador en la repartición de las ganancias y la riqueza social o la nula repartición y, en todo caso, el que debería hacer lo necesario, para generar condiciones de desarrollo, crecimiento de la economía y alcanzar el orden social al que está comprometido. Es decir, al orden deseable que produzca las mejores alternativas colectivas para el buen y correcto desempeño económico, político y social. No profundizaré mucho más. La literatura es abundante.

Lo que trae a colación esta reflexión es ¿que puede pretender nuestro actual gobierno y que clase de Estado enarbola? Sobre qué es lo que cree, nuestro régimen actual, que debe hacer el Estado para el mejoramiento de la vida y el desarrollo de la sociedad. ¿Cuáles son sus herramientas? y en la diversidad de las visiones, ¿donde acomodar una reflexión doble?: ¿Qué es el Estado? y ¿qué debería hacer o que se ha hecho hasta ahora en México para mejorar nuestra realidad?

Hasta ahora por lo menos dos cosas lo guían: el discurso de primero los pobres y ‘por otro el del combate a la corrupción. Aunque encomiables, ambos propósitos son insuficientes para las enormes necesidades y la complejidad de la realidad Nacional. El dicurso ante la ONU da prueba más que sobrada de la pobreza conceptual y política del Jefe del Estado Mexicano. Nada más, pero nada menos.

Miguel González Compeán

Abogado, politólogo y economista

Columna invitada

Ensayista e interesado en temas legales y de justicia. actualmente profesor de la facultad de derecho de la UNAM.