El accidente ocurrido el pasado 8 de enero con el vuelo PS752 de Ukraine International derribado “por error” por un misil antiaéreo iraní es un triste recordatorio sobre lo pernicioso que es convertir a la aviación en un rehén de conflictos internacionales y de la necesidad de que las normas de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) se respeten. Sin embargo, no estaría de más que el nuevo Consejo General de esta organización, revise los protocolos del anexo 13 sobre investigación de accidentes aéreos, para adecuar sus procedimientos a los tiempos de la información instantánea y las redes sociales.

Por una parte, el país donde ocurrió el accidente y que a la postre resultó responsable del mismo, Irán, cometió una serie de errores que merecerían un especial de NatGeo Mayday. Al final, tuvo que aceptar su responsabilidad, pero resulta muy peligroso que en este tipo de cuestiones, los países no se adhieran a los lineamientos del anexo 13, porque precisamente éste se redactó para evitar especulaciones y salvaguardar la seguridad de la aviación civil, por encima de cualquier otra consideración.

Entre los detalles que no cuidó Irán está que en principio rechazó que la Boeing (fabricante del avión siniestrado) y la Junta de Seguridad en el Transporte de Estados Unidos (la autoridad investigadora del país donde se construyó la aeronave) pudieran participar en la investigación. De acuerdo al Anexo 13, aun cuando la responsabilidad de la investigación recae sobre el país donde ocurre el accidente, aquellos donde se diseña, fabrica u opera la aeronave no sólo deben ser incluidos, sino que se les debe notificar inmediatamente del siniestro.

El entorno del conflicto que está por degenerar en guerra abierta, enrareció el ambiente y debido a que Irán y Estados Unidos no tienen relaciones diplomáticas, tanto Suiza (país que sirve de intermediario entre ambas naciones) como la propia OACI, tuvieron que intervenir para que no se viciara el procedimiento. No obstante, Irán cometió otros errores: a las pocas horas del accidente, Justin Trudeau, primer ministro de Canadá, nacionalidad de 63 de los ocupantes del avión, declaró que el accidente no se debió a una falla mecánica —como informó en principio la autoridad aeronáutica iraní—, sino que un misil lo había derribado, lo cual fue rechazado airadamente. Hasta Trump (origen de esta fase del conflicto bélico) sugirió que el avión pudo haber sido abatido “por error”, un “salvavidas” que los iraníes terminaron adoptando.

En efecto: fue un “error” provocado por los radares antiaéreos que en estas fechas se activaron al máximo por la confrontación. No obstante, los servicios de seguridad ya habían peinado la zona del accidente y recogieron todas las evidencias antes de que los investigadores pudieran siquiera asomarse al sitio.

La aceptación por parte de las autoridades de Irán de su responsabilidad directa le permitirá evadir una sanción, e incluso una investigación más a fondo, pero no lo exime de su deber de indemnizar a las víctimas, incluida la aerolínea cuyo estado de matrícula, Ucrania, se encuentra de pronto inmiscuido en el conflicto. Daños colaterales que deberían evitarse en favor de la seguridad de la aviación comercial.

Lo oí en 123.45: Aún está en veremos la venta del MRO de Mexicana. Al parecer, aún no hay acuerdo.