Donald Trump quería un muro y ya lo consiguió. El país está dividido, lo fragmentó el odio y la intolerancia. La gota que derramó el vaso fue la separación de las familias y el maltrato de los niños derivado de su programa Tolerancia Cero; es la síntesis de los excesos de un gobierno que confunde migración con crimen, que olvida su historia y traiciona sus raíces.

El muro que ha construido Trump dividió al país y aisló a Estados Unidos. En unos cuantos meses, hizo polvo 70 años de liderazgo y desató una guerra comercial de la que apenas se asoman las consecuencias para sus propios gobernados.

No necesitó del dinero de México, ni 25,000 millones de dólares, tampoco la autorización del Congreso; él solito ya construyó su muro.

En declaraciones a The Washington Post el historiador y Premio Pulitzer, Jon Meacham, dijo que no recuerda un momento tan brutal en la historia reciente de Estados Unidos, recordó que en los años 30 y 60 había polarización política, pero no como ahora porque los presidentes Roosevelt y Johnson no gobernaron de manera conflictiva como Trump y subrayó: “Creo que el mundo de Trump está recogiendo lo que ha sembrado. Y eso es malo para todos nosotros”.

Una vez que los medios estadounidenses hicieron pública la crueldad de la separación familiar y los maltratos a los niños, varios colaboradores de Trump han sido víctimas del rechazo social: la portavoz de la Casa Blanca, Sarah Huckabee Sanders, fue expulsada junto con su familia de un restaurante; a la secretaria de Seguridad Interior, Kirstjen Nielsen, la abuchearon en otro; también en un restaurante, llamaron fascista a Stephen Miller, el asesor y emblema de la mano dura en inmigración, y la fiscal general de Florida, Pam Bondi, defensora de Trump, fue insultada en un cine de Palm Beach: “Eres una persona horrible”.

Trump no se arredra, por el contrario, arremetió contra los inmigrantes, insistió en señalar a los demócratas como defensores de criminales, porque para él los hispanos y musulmanes son delincuentes, lo que ha llevado a muchos observadores a indicar que la embestida trumpiana obedece a que se trata de personas sin derecho al voto, además de su racismo.

El muro virtual construido por Trump en Estados Unidos se puede evidenciar con la declaración de la congresista demócrata Maxine Waters, quien llamó a sus seguidores a no dejar en paz a los colaboradores del presidente: “si ves a alguien de este gabinete en un restaurante, en una tienda, en una estación de gasolina, sales y creas una multitud. Y les dices que ya no son bienvenidos”.

Ni tardo ni perezoso, Trump le respondió a su estilo con ofensas: “La congresista Maxine Waters, una persona de coeficiente de inteligencia extraordinariamente bajo, se ha convertido, junto con Nancy Pelosi, en la cara del Partido Demócrata. Acaba de pedir que se dañe a seguidores, de los cuales hay muchos, del movimiento Make America Great Again. ¡Ten cuidado con lo que deseas para Max!”.

Tras las tensiones, a la vocera de Trump la custodian agentes del Servicio Secreto, prestación que no se daba a sus antecesores, una suerte que no tienen miles de personas que a diario sufren la hostilidad que desató Donald Trump desde sus tiempos de campaña y viene acrecentando desde la Casa Blanca.

El muro social construido por Trump se puede sintetizar con las portadas de Time y New Yorker (https://www.pagina12.com.ar/123369-horas-de-incertidumbre-para-los-ninos-migrantes).

Juan María Naveja

Comunicador

Al Margen

Es analista, consultor y conferencista. Autor del libro Periodismo Radiofónico una Revisión Inconclusa, Editorial Porrúa y Coautor de Comunicación Política 2.1 modelo para armar, Editorial Etcétera.