El presidente vive la peor semana de su gobierno

A Donald Trump se le empiezan a caer los implantes políticos que sus doctores en mercadotecnia le colocaron en su cuerpo mediatizable durante la campaña electoral del 2016.

Debajo del ornamento esteticista de un outsider de la política afiliado al Partido Republicano, luce un individuo superfluo, zafio y racista, apto quizá para desempeñar papeles secundarios en programas de televisión donde los albures y las piernas son los protagonistas.

Uno de los misterios indescifrables del sigo XXI es la causa de la presencia de Donald Trump en la Casa Blanca. Y no como un personaje que pudiera animar una fiesta del 12 de octubre, acompañando quizá a Vicente Fernández o a Los Ángeles Azules, sino como presidente.

Estados Unidos vive su peor crisis política desde la caída de Nixon. En cualquier mapa geopolítico, Estados Unidos se encuentra en proceso de miniaturización debido a la falta de liderazgo de su presidente. Es el poder de la Casa Blanca el que mantiene de pie a Estados Unidos, no Donald Trump.

Los últimos siete días han sido los peores de su Presidencia. El ajuste de la moneda china y el ataque terrorista de El Paso le han arrancado 80% de sus implantes.

En economía, por ejemplo, China le ha quitado la máscara. Lo que comenzó siendo un conflicto comercial entre Estados Unidos y el gobierno de Xi Jinping escaló en un conflicto de divisas, abriendo la enorme posibilidad de una confrontación política en caso de que Trump siga tomando decisiones intuitivas.

Cualquier estudiante de economía de primer semestre entendería que los aranceles tienen impacto directo en los consumidores. En el caso del diferendo de Trump con China, los teléfonos de Apple de cualquier tienda neoyorquina ahora son más caros que el año pasado.

El lunes por la mañana el auténtico Trump tuitero no se hizo presente en una de las salas de la Casa Blanca. Estuvo un Trump inorgánico, el presidente teleprompter (así lo describieron Ashley Parker y Philip Rucker del diario The Washington Post).

El guión que le escribieron al presidente teleprompter decía: “Con una sola voz, nuestra nación debe condenar el racismo, la intolerancia y la supremacía blanca”.

El otro, el presidente tuitero, ha escrito que países como El Salvador y Haití son de “mierda”.

Tras los dos ataques masivos del fin de semana, Trump eligió su club de golf Bedminster de Nueva Jersey para descansar. Tuvo el tiempo suficiente para posar con visitantes y unos novios que celebraban su matrimonio. Mientras tanto, su equipo trataba de convencerlo de que visitara El Paso, tras las duras críticas de los demócratas.

Entre los rasgos de odio que incentivaron a Patrick Crusius a disparar se encuentra la palabra “invasión” en su manifiesto contra los hispanos, elemento que comprueba el efecto mimético que genera Trump en la demografía que tiene incubado el odio en su mente.

Esto fue lo que hizo sonar las alarmas en su cuarto de crisis. Sus asesores le escribieron el guión: “Con una sola voz”, y lo convirtieron en un presidente teleprompter.

El auténtico, recordemos, es superfluo, zafio y racista. Los demócratas huelen a sangre. Trump ha perdido los implantes. Es suyo.

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.