Cuando el desprecio hacia la clase política cobra tanta fuerza y cuando las democracias se tambalean por un vacío profundo de liderazgo derivado de una crisis de confianza, es que surgen personajes oportunistas que, aprovechándose de la vulnerabilidad y el desencanto, escalan a la cima del poder.

Tanto Trump como AMLO han entendido que la razón no juega en una elección. El problema es que su apuesta ha ido mucho más allá de lo emocional, apelando siempre a lo visceral para polarizar y canalizar a su favor, (desde un supuesto desprecio a las élites políticas y económicas), todo el rencor y el resentimiento acumulado por un sistema que, sin duda, ha fallado por estar sostenido en el ego.

El problema es que todos vemos al mago pero no queremos entender el truco. El liderazgo está en crisis por haberse desvirtuado y convertido en una expresión de vanidad cuando, en esencia, tendría que ser una expresión de humildad porque implica amor, servicio y entrega. Justo cuando tendríamos que elegir a líderes que regresen al origen para reconectar y reconstruir, estamos optando por aquellos que refuerzan esta crisis con su propio ego haciendo exactamente lo contrario.

Dos de los rasgos más preocupantes que comparten Trump y AMLO son la soberbia y el capricho. Capaces de fabricar enemigos externos o imaginarios para manipular y distraer, su soberbia es tan grande que les impide escuchar y aceptar críticas. Además de creerse dueños de la verdad, responden con agresión y desprecio a quienes se atrevan a contradecirlos.

Su desconfianza los hace ejercer un liderazgo autoritario en el que su círculo más íntimo lo integran sus propios hijos, pues no permiten gente que los cuestione o contradiga, solamente se quedan quienes les siguen el paso con lealtad ciega. Esa capacidad de convertir a sus “amigos” en enemigos inmediatos simplemente porque no respalden alguna de sus locuras es siempre señal de alerta. En el caso de Trump basta ver los cambios permanentes en su propio círculo y gabinete.

El ejemplo más reciente es un Trump que da la espalda a sus aliados comerciales y ahora a los países del G7 pero tiende la mano al líder de Corea del Norte. Es el mismo mundo en el que López Obrador da la espalda a sus “ideales” y pacta con los poderes a los que recientemente odiaba, con tal de llegar a ser presidente. Los dos saben manipular, utilizar y traicionar dependiendo del humor y capricho del momento. Vaya combinación. El problema es que, cuando elegimos mal, tenemos que vivir con las consecuencias de nuestros errores.

@armando_regil

ArmandoRegil Velasco

Licenciado en Negocios Internacionales

Ágora 2.0

Licenciado en Negocios Internacionales graduado con mención honorífica por el Tec de Monterrey. Estudió Economía y Políticas Públicas en Georgetown University. Cuenta con diversos diplomados de institutos como: la University of International Business and Economics de Beijing.