“Siendo canciller (en referencia al puesto que Luis Almagro tuvo antes de convertirse en secretario general de la OEA), nos encontramos aquí hace tres años”, dijo Daniel Ortega al uruguayo el 2 de diciembre del 2016. “Ahora nos sentimos contentos, honrados de recibirlo a él, a su delegación”, agregó el dictador nicaragüense. Almagro sonrió  de manera trémula durante el almuerzo que le ofrecía el decrépito personaje.

Durante ese evento, el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) reconoció a Ortega su lucha contra la dinastía de los Somoza.

“Quiero manifestar mi alegría de estar en Nicaragua, mi alegría de poder volver a esta tierra, de las conversaciones que hemos tenido y la oportunidad de esta reunión con el presidente electo y la vicepresidenta electa (Rosario Murillo)”, señaló Almagro (edición web de El Nuevo Diario, 2 de diciembre 2016).

Algo no andaba bien en la mente de Almagro. Cuatro meses antes de comer a lado de Ortega y de Rosario Murillo, el presidente nicaragüense había propinado un autogolpe en el Poder Legislativo. El viernes 29 de julio, 28 diputados opositores a Ortega, del Partido Liberal Independiente, fueron expulsados de la Asamblea Nacional (Parlamento) por disposición del Consejo Supremo Electoral, es decir, por orden del dictador.

¿Por qué Almagro aceptó el autogolpe de Ortega? Una posibilidad es que no quería abrir otro frente adicional al venezolano. En otro escenario aparecen posibles vínculos que sostenía en ese momento con Ortega.

Fue el año pasado, durante la asamblea general de la OEA celebrada en Cancún, el momento en el que Luis Almagro quedó rebasado por la crisis venezolana; su apuesta. La perdió frente a los votos de varios países del Caribe en contra de una resolución que ponía a Maduro como responsable de la destrucción de las instituciones democráticas en Venezuela.

Sustentados en la ley Magnitsky, son congresistas estadounidenses, a través de la resolución 981, quienes han solicitado a Trump emprender sanciones en contra de la cúpula corrupta y dictatorial de Ortega. Los promotores republicanos son Ed Royce, Albio Sires e Ileana Ros-Lehtinen. Entre los demócratas que apoyan la resolución se encuentran Norma Torres, Ted Deutch y Albio Sires.

El lunes, Sarah Huckabee, vocera de la Casa Blanca, señaló a Ortega y a su esposa como responsables de la represión en contra de manifestantes que ha dejado a más de 300 muertos en un lapso de 100 días.

Después de un largo reposo, México junto a Argentina y Canadá, entre otros países, reaccionaron y empujaron la propuesta de una resolución para crear una comisión especial que se encargará de analizar la crisis detonada por el dictador. Este jueves fue aprobada en la sede de la OEA.

La efervescencia política en México, Brasil (elecciones en octubre con Lula en la cárcel) y Colombia (salida de Santos la próxima semana) responde, en cierta medida, al silencio prolongado de Latinoamérica sobre la dictadura de Ortega. Lamentable visión poco institucional de la política exterior. Y aún más lamentable el hecho que haya sido Estados Unidos el gobierno que diera un paso adelante frente a Latinoamérica.

Tenía razón Reagan. Nicaragua está más cerca de Florida que Nebraska o Dakota.

FaustoPretelin

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.