Pocas amenazas ha tenido la nación mexicana como la presidencia de Donald Trump. Madeleine Albright, secretaria de Estado de Bill Clinton, escribió el libro Facism: a Warning, cuya conclusión es que, debido a que Trump es el primer presidente de la historia reciente contrario a los valores democráticos, todo el sistema de cooperación y acuerdo global está en riesgo. Por primera vez el gobierno de EU no considera que exista una comunidad global de países, sino que cada uno compite para alcanzar sus intereses.

México fue presa de los intereses expansionistas y de control de las potencias de la época. Durante la revolución, EU jugó un papel para reconocer, o no, a los grupos que se proclamaban como gobierno, y tampoco pudimos escapar a las presiones para participar en la lucha contra el comunismo. Posteriormente, se nos exigió hacernos cargo de los costos de la absurda guerra contra las drogas.

Con todo, el discurso y muchas de las políticas habían sido de cooperación. Hoy Norteamérica, México incluido, es una sola economía. Por eso la amenaza arancelaria no era creíble, por sus efectos negativos en su país, pero la guerra comercial sí. México es uno de los países que más exporta. Más de 37% del PIB y alrededor de 80% de sus ventas va a EU. La vulnerabilidad de la economía nacional a las compras de los estadounidenses es enorme y estructural. Nada puede dañar más la economía mexicana que una guerra comercial con EU. Impedirla es clave para la estabilidad del país.

La amenaza que representa Trump implica actuar con enorme prudencia. Es posible eliminar la amenaza de una guerra de aranceles con una política de migración. Es verdad que es odioso hacerlo, pero también es una acción necesaria para la propia estabilidad del país y que puede hacerse con pleno respeto a los derechos humanos. Es decir, los críticos de Trump tienen razón. México negoció algo que ya se hacía y que se tiene que hacer. El gobierno mexicano actuó con agilidad, ganó tiempo y tiene una estrategia. Albright dice que al final quedará claro que EU no podrá, sin aliados, resolver problemas como el tráfico de drogas, las amenazas terroristas o la seguridad fronteriza. Eventualmente va a regresar la razón del lado estadounidense. Por lo pronto se deben desactivar las bombas, porque las amenazas seguirán conforme se aproxime la elección presidencial de EU.

Mientras tanto, la oposición en México continúa descolocada. Fue mezquina a la hora de mostrar unidad nacional y no es capaz de reconocer a un gobierno responsable, el de López Obrador, con un plan claro de acción, que coordina alguien de la capacidad política del canciller Ebrard. Ante una de las amenazas más serias de la historia reciente del país, el gobierno de México sabe qué hacer. Además, se logró colocar en la agenda el tema de la cooperación para el desarrollo de Centroamérica, lo que puede representar la solución de fondo al problema migratorio. Por lo pronto, el país mantiene la estabilidad y cuenta con las herramientas para relacionarse con la peor versión de su vecino.

Vidal Llerenas Morales

Político

Columna invitada

Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), cuenta con una Maestría en Política y Gestión Pública por la Universidad de Essex, Reino Unido y un Doctorado en Administración y Gerencia Pública por la Universidad de York.