El presidente Trump ha roto la línea roja que él mismo fijó el 16 de junio del 2015: “Cuando México envía a su gente, no envía a los mejores. Envían a gente que tiene muchos problemas”. Los inmigrantes mexicanos “traen drogas, crimen, son violadores y supongo que algunos son buenas personas”.

Así daba a conocer su interés por participar en la contienda interna del Partido Republicano para competir por la presidencia de Estados Unidos.

Ayer lo volvió a hacer utilizando un lenguaje similar pero desde la Casa Blanca a través de algo que parece ser un panfleto electoral revestido de comunicado oficial.

Pasó de la retórica populista a una acción hostil: imponer 5% de arancel desde el 10 de junio a todos los bienes que Estados Unidos importe de México.

Otra vez, comercio e inmigración, vectores que se deslizan de manera transversal a lo largo de su gobierno. Otra vez, la receta que Steve Bannon le propuso en el 2015 para dar a conocer al mundo el relanzamiento del nacionalismo económico.

La de ayer fue una declaración de guerra comercial en contra de su principal socio. Dos elementos reflejan ese rasgo. El primero de ellos es el factor sorpresa: Trump anuncia la medida en el momento en que el acuerdo comercial entre México, Canadá y Estados Unidos (T-MEC) se encuentra ya en el proceso de aprobación en el Senado mexicano.

El segundo elemento de la medida es la existencia de un ultimátum que se convertirá en realidad el 1 de julio. Es decir, incrementar 5 puntos porcentuales a 10 por ciento. Y así lo haría por tres meses más si el gobierno de México no impide que miles de centroamericanos crucen la frontera.

La diplomacia mexicana deberá actuar de manera inmediata. La interacción presidencial con Estados Unidos ha dejado de ser una materia optativa para López Obrador. Desde el día de hoy, el presidente no podrá decir que su gobierno no responde a provocaciones ni que la no intervención es el mejor camino para el país. Adiós a su frase preferida: “La mejor política exterior es la doméstica”.

El presidente tiene sobre la mesa una serie de respuestas simétricas que oscilan desde medidas espejo (aplicar 5% de arancel a todos los productos que México le compra a Estados Unidos) hasta medidas de seguridad (cancelar programas de colaboración bilateral). Los programas de colaboración en materia de seguridad son estratégicos para Estados Unidos. El tema para los estadounidenses no forma parte de su política exterior, se trata de política interna. Sería bueno que el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, se lo recordara a Donald Trump.

De acuerdo con The Washington Post, tres funcionarios de la Casa Blanca trataban de disuadir al presidente Trump de declararle la guerra comercial a México. Sobre la mesa de Trump se encontraba el reporte que llegaba desde El Paso, Texas: 1,000 centroamericanos cruzaron la frontera para pedir asilo. Sus asesores legales preparaban la decisión que anunciará de manera formal el día de hoy: ampararse en una ley firmada en 1977 que le permite al Ejecutivo imponer aranceles a discrecionalidad por seguridad nacional.

El etnocentrismo en tiempos globales

Desde ahora, el presidente López Obrador no podrá negar la existencia del mundo ni seguir negándose a viajar. Su perfil etnocéntrico no le ayuda en este tipo de crisis.

La tarea de Marcelo Ebrard será titánica porque tendrá que relanzar la relación institucional más allá del yerno de Trump heredada por Luis Videgaray.

Ayer  Jared Kushner se encontraba en Jerusalén viendo que su plan de paz con los palestinos ingresaba al congelador después de que Benjamin Netanyahu fuera incapaz de formar un gobierno de coalición. A Kushner se le ha ido el tiempo. Israel tendrá nuevas elecciones en septiembre y después Trump tendrá que dejar a un lado los temas que le pueden arruinar su campaña del 2020.

Desde que Trump llegó a la Casa Blanca, Kushner se convirtió en una especie de secretario de Estado para México, Israel y Arabia Saudita. El presidente peña Nieto aceptó ese rango. Y así le fue. Desde el 1 de diciembre pasado, López Obrador aceptó la misma condición de Trump.

Ahora tendrá que cambiar la estrategia. Será difícil.

La primera decisión que tendrá que tomar el presidente López Obrador será la de sostener un encuentro cara a cara con Trump. No más mensajeros.

La decisión no es optativa. El envío de mensajes a través de Kushner no va a servir. Ni tampoco servirá una visita de Mike Pompeo. Ya lo vimos la semana pasada. El secretario de Estado dejó plantado al secretario Ebrard.

Error será que el gobierno se envuelva en la bandera mexicana para lanzar un himno 100% retórico en contra de Estados Unidos.

Espero que, la madrugada de hoy, Marcelo Ebrard y la secretaria de Economía hayan preparado una estrategia simétrica como respuesta a la decisión de Trump.

Espero que el presidente no haya enviado una carta producida bajo los efectos especiales del “amor y paz”.

@faustopretelin

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.