El presidente eligió la peor guerra que se pudo imaginar

La guerra que eligió Trump es la más peligrosa: contra las agencias de inteligencia de su país.

Para la naturaleza de un presidente como Donald Trump, el enemigo siempre se encuentra en casa. No fueron las estrategias comerciales de China ni la visión expansionista de Rusia los motivos que detonaron un conflicto bélico contra el mandatario estadounidense. Trump eligió detonar una guerra en contra de las agencias de inteligencia de su país.

También lo hizo Edward Snowden, por otros motivos, y no ha logrado regresar a Estados Unidos.

La madurez de las democracias se mide a través de los equilibrios de poder y de la vigilancia a los administradores del Estado.

Un agente de inteligencia estadounidense, posiblemente del FBI, intervino una llamada telefónica del presidente Trump con su par ucraniano Volodímir Zelenski. El contenido de la conversación le pareció peligroso por el riesgo vinculante de una posible transacción propuesta por el estadounidense: liberar400 millones de dólares en ayuda militar a cambio de una investigación sobre los negocios de la familia del ex vice presidente (y rival electoral en el 2020) Joe Biden.

El 8 de junio del 2017 el exdirector del FBI James Comey provocó un sismo político al entregar por escrito su declaración a una comisión del Senado en la que describía la conversación que tuvo con el presidente Trump en la Casa Blanca en febrero de ese año cuando todavía encabezaba la agencia de inteligencia.

“Espero que usted pueda ver un camino para dejar esto, dejar tranquilo a Flynn. Es un buen tipo”. Trump se refería a Michael Flynn, quien fungió como su consejero de seguridad nacional durante 24 días, del 20 de enero al 13 de febrero del 2017. Tuvo que renunciar por haber negado al vicepresidente Mike Pence una interacción que tuvo con el embajador de Rusia en Washington durante los últimos días del gobierno de Barack Obama.

James Comey fue despedido por Trump porque no atendió su petición: “Necesito lealtad, espero lealtad”, le dijo el presidente al entonces número uno del FBI.

La naturaleza de los rasgos de Trump es atípica en el entorno político de Washington. Es un outsider del poder político. La categoría conlleva beneficios y riesgos.

Trump es un personaje motivado por el mundo del espectáculo cuya visión empresarial le ha ayudado a manejar grandes fortunas en el sector inmobiliario. Es probable que su candidatura política en el 2016 tuviera únicamente objetivos en el mundo de la mercadotecnia, sin embargo, tuvo la fortuna de encontrar a un importante segmento de la población cansada de la clase política.

En Washington se sabe que Trump estaba dispuesto a crear un canal de televisión después de que fuera derrotado por Hillary Clinton. El mundo cambió la noche de su victoria en noviembre del 2016. Pero el mundo de Trump cambió de manera radical.

Llegó a la Casa Blanca sin conocer el cuarto de máquinas del establishment; Washington no es Mar-a-Lago, su residencia de descanso en Florida.

El peor error del presidente Trump fue declarar la guerra a las agencias de inteligencia de su país. Su poder le permite hacer lo que tanto le gusta: despedir a sus empleados. Pero así no funciona Washington.

@faustopretelin

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.