La emoción es la única luz en medio de la oscuridad tuitera. Lo supo Marck Zuckerberg al haber inventado el algoritmo que mantiene en estado catatónico a su sociedad facebook.

Trump fue el primer candidato-red social que logró convencer a la sociedad estadounidense cuyo perfil QAnon se encontraba en estado catatónico frente al establishment.

Eric Zemmour reveló ayer que participará en las elecciones presidenciales francesas de la próxima Primavera. Polemista y sin experiencia política, Zemmour mantiene en estado catatónico a los televidentes de CNews que lo siguen desde hace años: asegura que Francia vive en tiempo real una guerra de civilizaciones que terminará por la posible “sustitución de un pueblo”. Es decir, la demografía francesa pierde terreno frente a los musulmanes. De continuar esta batalla, señala Zemmour, “vamos a la guerra civil”.

Francia no es Estados Unidos ni Eric Zemmour es Donald Trump, pero el candidato de extrema derecha ofrece una agenda anti migrante similar a la del magnate neoyorkino.

En septiembre de 2020 Zemmour definió a los migrantes como: “ladrones, asesinos y violadores”.

Dos son las diferencias con Trump: Eric Zemmour es culto y no utiliza la retórica del proteccionismo comercial. Zemmour lleva sonido dulce a los oídos de los franceses cuyas mentes se iluminan en blanco y negro: reivindica la figura del mariscal Philippe Pétain, líder de la Francia que durante la Segunda Guerra Mundial colaboró con Hitler deportando a judíos a los campos de exterminio, y venera a Napoleón y De Gaulle.

Ayer, al revelar su decisión de presentarse como candidato, lo hizo a través de un video de 10 minutos con imágenes que vinculan la violencia de las calles con negros, y la Francia deseada con Juana de Arco, Molière y De Gaulle, entre otros.

La proyección de escenarios apocalípticos congenia con el deseo de venganza entre los electores. Zemmour supo que la victoria de Emmanuel Macron, un lustro atrás, ocurrió por el descarrilamiento del partido Los Republicanos (de Nicolas Sarkozy y François Fillon) y de los socialistas (de François Hollande). En el primer caso, Sarkozy ha sido condenado a un año de cárcel domiciliaria y Fillon abandonó la contienda por conflicto de interés y abuso de poder. Hollande, desgastado desde el primer día de su gobierno.

El odio incubado en las redes sociales permite la desconfiguración de los partidos políticos del siglo pasado. No hay izquierda y derecha sino temáticas de odio entre nostálgicos y futuristas; el país sin migrantes frente a la región globalizada; el carbón frente a las energías limpias.

"He decidido tomar nuestro destino en mano" para "salvar al país del trágico destino que le espera", aseguró Zemmour en el video, denunciando la migración, el islam y los "poderosos". "Por eso he decidido presentarme a la elección".

El salvador de Francia frente a la sombra del caos y la incertidumbre.

"Ustedes se sienten extranjeros en su propio país", asegura Zemmour, frase que evoca algún pasaje de Sumisión, ficción de Michel Houellebecq, donde las francesas guardan las minifaldas bajo el terror de las leyes islámicas. 

Macron aprovechó el lanzamiento de Zemmour para meterse a redes sociales y colocar un video de Joséphine Baker, artista de music-hall, resistente contra los nazis y militante antirracista. Ayer, Baker se convirtió en la primera mujer negra en entrar en el Panteón de Francia, 46 años después de su muerte por una vida de lucha por la "libertad" (AFP).

"Entra en este Panteón donde un viento de fantasía y audacia sopla con usted. Por primera vez también entra una cierta idea de libertad y de fiesta", dijo Macron.

Si a Jean-Marie Le Pen no le gustó la selección de Francia que ganó la Copa del Mundo de futbol en 1998 porque algunos de sus jugadores negros no cantaban La Marsellesa, a Zemmour no le gusta el PSG de Mbappé. Un equipo cercano a los intereses y al poder blando de Catar.

@faustopretelin

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.

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