Paul Krugman señala en su columna del NYT que si bien los inversionistas, después de la elección de hace dos años, no reaccionaron negativamente a la victoria de Trump, pese a la evidente incongruencia de sus propuestas, confiaban en que su filosofía promercado y una buena asesoría llevarían a políticas económicas que les beneficiaran. Al menos no haría nada realmente estúpido, mientras que bajarían los impuestos a las grandes empresas. En algunos temas acertaron, como el acuerdo comercial de América del Norte, en donde se evitó cometer el error de desmantelar el complejo sistema de producción industrial y distribución de productos que existe entre México, Estados Unidos y Canadá. En ese caso, Donald Trump sólo fue capaz de cambiar el nombre del acuerdo. Pero en general, los disparates no cesan. En los últimos días, Trump le juega al Grinch navideño con el paro del gobierno federal, con el capricho de lograr algo que no va a suceder: obtener fondos para pagar por el famoso muro.

La cosa es que los berrinchitos ya parecen costarle a la economía. La caída de las bolsas tiene varias causas, una es la guerra comercial con China, cuya necesidad solamente está en la cabeza de Trump. Sin embargo, apunta Krugman, el problema es más bien el horrible escenario que podría significar una crisis económica global enfrentada por un gobierno tan errático como el de Trump. Tanto Bush como Obama fueron capaces de articular políticas más o menos coherentes ante los choques económicos, algo que Trump seguramente no podrá hacer. En los próximos meses podríamos tener un escenario de que una crisis financiera global tenga que ser enfrentada por el gobierno estadounidense más incompetente de la historia.

En otros lugares del orbe la situación no es mejor. Italia no logra acordar una agenda de ajuste con la comunidad, Reino Unido no atina a votar en el congreso el Brexit, Alemania eventualmente perderá a Merkel como canciller, ya que anunció que no se va a volver a presentar en las elecciones y nadie sabe qué pasará con Macron en el futuro próximo. Es verdad que la crisis del 2008 tuvo una recuperación lenta, por la insistencia en la política de ajuste fiscal excesivo, pero al menos se coordinaron acciones globales, algo que va a ser muy difícil que vuelva a suceder por la falta de fuerza de los liderazgos globales. Es en este escenario en el que no basta que las instituciones y sus asesores impidan que Trump haga algo realmente estúpido, sino que se requieren políticas económicas finas y asertivas, por parte de la principal economía del mundo, para reducir el impacto en el crecimiento y el empleo de una eventual recesión global, lo cual es extremadamente improbable esperar de la actual administración de Estados Unidos. Es muy posible que, de hecho, esa sea la verdadera razón de la inestabilidad bursátil en el mundo.

VidalLlerenas Morales

Político

Columna invitada

Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), cuenta con una Maestría en Política y Gestión Pública por la Universidad de Essex, Reino Unido y un Doctorado en Administración y Gerencia Pública por la Universidad de York.