El partido del presidente Trump perdió la Cámara de Representantes y sumó varias derrotas en el rubro de los gobernadores. En efecto, Trump se asustó.

Primero vino la rueda de prensa en la que mostró un perfil monstruoso. No se puede llamar de otra manera cuando el presidente amenaza con tomar una “postura de guerra” en caso de que la nueva mayoría de la Cámara demócrata use su poder para iniciar investigaciones sobre su administración, advirtiendo que cualquier investigación pondría en peligro las perspectivas de acuerdos bipartidistas.

Trump respondió durante una hora y 26 minutos a periodistas durante una sesión rara en la sala este de la Casa Blanca. Trump perdió la calma en varias ocasiones cuando los periodistas metían su dedo en temas incómodos.

Atacó a Jim Acosta de la CNN, lo calificó de “persona grosera y terrible” y dijo que la cadena para la que trabaja debería “avergonzarse” de él, y luego criticó a Peter Alexander de NBC News y le ordenó a April Ryan de American Urban Radio que se “sentara”.

Se comportaba como un animal herido y no como un presidente pidiendo unión entre partidos; sonaba molesto y fue más racista que de costumbre.

Cuando Yamiche Alcindor de PBS NewsHour le preguntó si al identificarse como un “nacionalista” también estaba abrazando la etiqueta de “nacionalista blanco”, Trump le respondió: “Ésa es una pregunta racista”.

“Decir lo que acabas de decir es muy insultante para mí”, respondió Trump a Alcindor, que es negro.

En algún momento de la sesión de prensa, Trump criticó a algún periodista por acentuar de manera rara la forma de hablar.

La conferencia de prensa pareció ser un simple calentamiento respecto a lo que vendría después, la salida de Jeff Sessions del Departamento de Justicia. Desde que el fiscal general se negó a supervisar la investigación que realiza Robert Mueller respecto a la supuesta injerencia rusa en las elecciones de 2016, Trump lo comenzó a marginar.

En una carta a Trump, Sessions escribió que está muy “honrado por haber servido como fiscal general” y que había “trabajado para implementar la agenda de aplicación de la ley basada en el Estado de Derecho que formaba una parte central de su campaña para la Presidencia”.

Trump tuiteó el nombre del nuevo fiscal: Matthew G. Whitaker, quien había estado sirviendo como jefe de personal de Sessions.

Sessions pasará a ser uno de los peores abogados generales de los tiempos recientes: su defensa del veto musulmán, su ataque sin sentido a las llamadas ciudades santuario (argumentando de manera falsa que los inmigrantes han creado una ola de crímenes), la guerra renovada contra los consumidores no violentos de drogas, la falta de interés en perseguir tácticas obvias de supresión de votantes y otros movimientos altamente partidistas empañarán su legado.

En resumen, bienvenidos a una versión de Trump más denigrante: defensivo, acorralado y posiblemente pensando en acusaciones que vendrán en su contra.

¿Qué nos espera en los próximos dos años? Lo único predecible es que su personalidad no cambiará.