Ninguna democracia se sostiene cuando abraza el odio como política pública ni cuando asume como prioridad consolidar una pureza de perfiles raciales en su territorio, tampoco cuando emprende cruzadas desde el aparato público para estigmatizar a personas por su origen y opta por el escarnio, por achacarles todos los males de su entorno.

Con menos de una semana en el gobierno, el presidente estadounidense, Donald Trump, ha dado pasos que lo acercan al precipicio del autoritarismo y la xenofobia institucionalizada. Se ha comprometido por decreto formal, sin matices ni pena, a sembrar odio, a estigmatizar a seres humanos, a separar familias y a perseguir a quien no se sume en gobiernos locales de su país a esa cacería inaudita. Las políticas firmadas por Trump a manera de orden ejecutiva el 25 de enero caminan por esa ruta y deben preocupar al mundo, no sólo a nuestro país.

Más allá de la orden para construir un muro fronterizo y sus arengas para que México lo pague, hay en las órdenes ejecutivas firmadas riesgos mayores que sus bravatas tuiteras. Son documentos que dejan registro histórico del momento que vivimos, que dibujan al presidente de los Estados Unidos de cuerpo entero en el 2017, que hablan de su profundo desprecio hacia migrantes extranjeros que ingresan sin documentos y hacia los que teniéndolos al principio, permanecieron en territorio norteamericano cuando sus visas colmaron vigencia.

El decreto que tituló: Mejorar la Seguridad Pública en el Interior de los Estados Unidos tiene expresiones como esta: Aquellos que exceden o violan los términos de sus visas representan una amenaza significativa para la seguridad nacional y la seguridad pública . La redacción aclara que se trata de una política general, no de una sólo contra violadores, asesinos y narcotraficantes que hay en su país, y que estando en campaña, vio siempre con rostro mexicano. Es una acción para cualquier migrante extranjero indocumentado, en la que se lee: No podemos ejecutar fielmente las leyes de inmigración de los Estados Unidos si eximimos a las clases o categorías de extranjeros removibles de la posible aplicación .

Las medidas de su orden incluyen sumar 10,000 oficiales de inmigración para perseguir indocumentados y deportarlos, habilitar a organismos estatales y locales para que ejerzan funciones antiinmigrantes y sancionar a las llamadas ciudades santuario que no estigmatizan a extranjeros ni los persiguen de oficio. Esos santuarios perderán cualquier subvención federal en represalia por respetar derechos humanos y, literalmente, serán sujetos a escarnio desde su propio gobierno. Entrarán en una lista de jurisdicciones que solapan, a juicio de Trump, ilegalidad , que son omisas ante leyes de inmigración.

La lista negra es una de varias estrategias de odio. El gobierno estadounidense se compromete a exhibirla periódicamente: para informar mejor al público sobre las amenazas a la seguridad pública asociadas a las jurisdicciones de los santuarios , y para ello piensa utilizar además un informe con la relación de las acciones penales cometidas por extranjeros y jurisdicción que ignoró o de algún modo no cumplió con cualquier detención con respecto a tales extranjeros .

Así, Trump busca que sean cada vez más los estadounidenses que compartan su odio, con una estrategia deleznable que significa mostrar permanentemente una relación de los delincuentes encarcelados cuando éstos sean extranjeros, asociando siempre su conducta con una estadística sesgada con respecto a la condición de migrante. Es claro el componente propagandístico cuando el propio decreto explica que eso permitirá que la sociedad tome conciencia del peligro que representan los extranjeros. Es evidente también que no se incluirá una relación de cuántos asesinos hay en una cárcel de los Estados Unidos, únicamente se informará cuántos asesinos son extranjeros y no fueron deportados, para lograr un efecto de rechazo y pánico social generalizado antiinmigrante.

Se pretende alimentar la xenofobia desde la propia Casa Blanca y asociar cada vez más la migración con el crimen, como si fuera un dato oficial que ser migrante es ser un potencial terrorista o asesino. Con esa misma lógica el magnate va a crear una oficina para la atención de víctimas de delitos cometidos por extranjeros . Así como se lee.

El drama de los migrantes es permanente. Algunos arriesgan su vida para cruzar el desierto o el Río Bravo, otros viajan en tren desde la frontera sur con la esperanza de alcanzar el sueño americano que suele tornarse en pesadilla. Son muchos quienes sencillamente obtienen legalmente una visa de turista y ya no regresan, permanecen en los Estados Unidos buscando oportunidades que no encontraron en sus países de origen, buscando sustento para sus familias. Allá viven desde hace años, allá trabajan, allá nacieron sus hijos y ahora el presidente Trump considera que debe emprender una cacería para echarlos indiscriminadamente, sin importar que con ello destruya a comunidades enteras, la vida de madres, padres e hijos separada de golpe, con humillación y trato vejatorio, como si se tratara de peligrosos terroristas, violadores o asesinos y no de personas que trabajan, que forman parte de la sociedad americana y sostienen buena parte de su economía con esfuerzo diario.

*Consejero electoral del INE

Twitter:@MarcoBanos