Parece que al convertirse en el individuo número uno regresó al punto de partida de la investigación y trata de desviar la atención; un ejemplo fue la inusual orden para que los medios presenciaran su encontronazo con los líderes demócratas en el Salón Oval.

Me están pegando —dijo Trump. Tengo que devolver los golpes. Para que sea una pelea justa.

Tengo que pelear.

Miedo. Trump en la Casa Blanca

El presidente de Estados Unidos está desesperado, lo apanican el juicio político y la sombra de Nixon. Cuando Donald Trump cambia la agenda se refugia en su tema favorito: el muro y los migrantes.

Dejó de ser una referencia, ahora Donald Trump es el individuo número uno de la trama rusa. El fiscal especial que investiga la injerencia de Rusia en las elecciones del 2016, Robert Mueller, colocó al mandatario a la cabeza de la lista tras las revelaciones de Michael Cohen, el abogado personal del empresario que hasta hace unos meses decía estar dispuesto a recibir una bala por defender a su cliente.

Aun así, el juicio político está lejos, los republicanos mantienen el control del Senado y los seduce más la vanidad de ostentar la Casa Blanca que seguir perdiendo valores y principios defendiendo a un presidente que miente, engaña, falta a la ética y manipula la información.

Al fiscal Mueller le otorgaron amplios poderes, en el camino se ha encontrado con la posible interferencia de Trump, en el caso con el despido al director de la FBI, James Comey, y en las últimas semanas con las revelaciones del abogado Cohen sobre el pago a mujeres con las que el presidente habría tenido relaciones sexuales durante la campaña y los negocios que estaba haciendo en Moscú en tiempos de la campaña.

Donald Trump sostiene que es víctima de una cacería de brujas, que no hizo nada malo, pero conforme se producen revelaciones va tratando de minimizarlas; ahora sostiene que el pago a las mujeres fue una transacción privada, que a su juicio no vulnera las leyes electorales.

El periodista Bob Woodward en su libro Miedo. Trump en la Casa Blanca sostiene que tras la designación del fiscal especial estalló en una cólera incontrolable: “Todos van por mí (...) Es injusto. Ahora todos dicen que van a destituirme. ¿Qué poderes tiene un fiscal especial? Inquirió”.

Parece que al convertirse en el individuo número uno regresó al punto de partida de la investigación y trata de desviar la atención; un ejemplo fue la inusual orden para que los medios presenciaran su encontronazo con los líderes demócratas en el Salón Oval.

Como ya se indicó, no hay elementos para creer cercano un juicio político y menos una posible destitución; sin embargo, tras la pérdida de la Cámara de Representantes hay republicanos que empiezan a flaquear, sobre todo quienes ven que será difícil que Trump se reelija.

Ya con el control de la Cámara de Representantes los demócratas pueden iniciar el impeachment, pero saben que en el Senado los republicanos lo pueden frenar, salvo que vean más posibilidades de retener la presidencia con Mike Pence como candidato, lo que también deben analizar los demócratas. Hay quienes creen que recuperar la Casa Blanca sería más probable con Trump como contrincante...

Donald Trump ha demostrado que es un mago para imponer la agenda, para desviar la atención y el muro en la frontera con México le sigue dando réditos ante sus simpatizantes y quienes ven en los migrantes una amenaza para la seguridad nacional.

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Juan MaríaNaveja

Comunicador

Al Margen

Es analista, consultor y conferencista. Autor del libro Periodismo Radiofónico una Revisión Inconclusa, Editorial Porrúa y Coautor de Comunicación Política 2.1 modelo para armar, Editorial Etcétera.