Cuatro años son suficientes para poner en riesgo al mundo, o si se prefiere, se necesitan cuatro decisiones del presidente de Estados Unidos para trastocar la geopolítica del planeta.

La primera de ellas ya la tomó Trump el pasado 6 de diciembre: reconocer a Jerusalén como capital de Israel. El costo político de la decisión: no habrá plan de paz entre Palestina e Israel en el mediano plazo.

La segunda decisión ya la adelantó el presidente desde la semana pasada. Imponer aranceles a la importación de acero y aluminio. El costo económico se traduce en regresar el reloj comercial 30 o 40 años; es decir, una guerra comercial.

Imaginemos por un momento que los anaqueles del supermercado City Market comenzaran a quedar vacíos por la imposición de aranceles por parte del gobierno mexicano a cervezas, vinos y embutidos. Meses después, imaginemos que el virus comercial se observa en los anaqueles de galletas, chocolates y turrones. En pocos meses, City Market cerraría.

¿Cuáles serán la tercera y cuarta decisiones que tomará Trump?

La economía es enemiga de la irracionalidad; es decir, de Trump. Lo que el presidente quiere asegurar es su reelección, y por ende, busca quedar bien con “su base electoral”. Lo explicó Paul Krugman en un artículo reciente: con su nueva política fiscal, Trump le regala una hamburguesa a los integrantes de su base electoral, pero les obliga a pagar la atención sanitaria a los ancianos... de la misma base electoral (Medicare) y también les obligará a pagar la atención sanitaria a personas sin recursos (Medicaid). Mientras tanto, Trump, quien invitó la hamburguesa, termina por devorarse un solomillo.

Trump señala a países como culpables cuando en realidad quienes optimizan la producción son los robots.

Hace 30 años, fábricas de acero y aluminio en Estados Unidos empleaban a 188,000 personas; hoy producen más o menos la misma cantidad, pero con 86,000 trabajadores. Trump señala a China como culpable del deterioro del sector en su país; la realidad: el país asiático no aparece en la lista de los 10 países que más exportan acero a Estados Unidos. Sí está Canadá, socio del TLCAN. Justin Trudeau ya calificó las amenazas de Trump como “completamente inaceptables” y su ministra de Relaciones Exteriores, Chrystia Freeland, advirtió que Canadá “tomará medidas espejo de defensa” (The Washington Post, 5 de marzo).

¿Y México? ¿Cómo se protegerá durante una eventual guerra comercial?

Uno de los bienes susceptibles a cancelar la compra vía sanitaria (sin necesidad de aplicar aranceles) es la carne de cerdo. El gobierno de Trump no ha querido hablar sobre los casos de gripe porcina detectados el año pasado en su país. El pasado 20 de septiembre, The Washington Post publicó el dictamen del Departamento de Salud de Maryland sobre la enfermedad en cerdos que aunque es difícil su contagio a humanos, sí han existido varios casos.

Si Steve Bannon llenaba de odio el Despacho Oval, Peter Navarro hace lo mismo, pero en materia comercial. A Trump poco le importa la negociación del TLCAN, le interesa su reelección y, para lograrla, está dispuesto a declarar la guerra.

@faustopretelin

Fausto Pretelin

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.