Las noticias falsas se convierten en el personaje de los primeros 31 días de su gobierno.

Es el primer mes de los cuatro años de Donald Trump. Su legado es la guerra contra los medios de comunicación y dos decretos: contra México y contra el fantasma terrorista que vuela de Irak a Siria y de Irán a Somalia. Todo lo demás es parte de la nada. Todo lo demás son pleitos callejeros.

Desde el Palacio Dorado, es decir, desde la Casa Blanca, lo que ocurra en Damasco puede ser un invento de CNN o fake news. En efecto, en el algoritmo Trump las palabras claves de su incipiente gobierno son fake news. En ellas subyace un amor-odio freudiano de lo que quizá le ha faltado al magnate de los bienes raíces: tener un periódico o activar su propia cadena de televisión.

En el escenario imposible de Hillary Presidenta , Trump tenía lista la decisión de convertirse en cadena: Trump TV o Trump Post. Su director, Steve Bannon, se encargaría de escribir los guiones y secciones. Kellyanne Conway, por su parte, llevaría a cabo la estrategia de manipulación llamada cínicamente hechos alternativos . Un mundo orwelliano en época donde Apple tiene que ratificar su connivencia con la NSA y en la que Facebook mete filtros a las fake news.

Ha sido un mes de complicidades. Los republicanos, salvo excepciones como John McCain, se han ensangrentado las rodillas con tal de no perder las bendiciones del presidente. Lo ha hecho Paul Ryan. Lo hizo Marco Rubio. Todos legislan desde lo que parece ser un cementerio.

spañol Mariano Rajoy recibió con ansiedad la llamada telefónica del presidente de Estados Unidos el 8 de febrero. Antes, Trump había azotado la bocina al primer ministro de Australia, Malcom Turnbull, y había trastocado el ánimo de la diplomacia mexicana por las revelaciones de AP y Washington Post sobre el maltrato que recibió el presidente Peña al ofrecer una especie de catering militar en terreno mexicano, todo, vía telefónica. Fake news , tuiteó el canciller mexicano ante la hipotética visita al despacho oval en compañía del yerno del monarca estadounidense para editar su discurso de gloria con el que decretó el inicio del bello muro fronterizo. Trump manoteó para decir que no cambiaría su discurso sobre el bello muro.

Rajoy no tuvo otro tema de conversación más que ofrecer a Trump sus servicios como mediador en Latinoamérica, Europa, Oriente Medio y Saturno. Poco habló sobre el muro. Y nada sobre Cataluña. Un auténtico problema que permanece como elefante en el interior de la Moncloa.

Trump no soporta a Angela Merkel. El sentimiento es mutuo. A la alemana no le gusta que Trump hable de los nazis de manera banal como sólo el presidente de Estados Unidos lo sabe hacer. A él le gusta hacerle bullying a Merkel hablando de los refugiados que recibió Alemania.

En cada momento en que Trump necesita hablar de criminales y violadores , marca el celular de Bannon y el de Kellyanne. Ellos le confirman o inventan escenarios de terror. Recordemos a Kellyanne hablando sobre la matanza en Kentucky . La tuvo que inventar desde cero mientras Trump cerraba las fronteras a siete nacionalidades.

El primer ministro sueco Stefan Löfven se pregunta qué pasó en su país la noche del viernes. Para Trump, ocurrió una tragedia inventada por Bannon.