El francés culmina una serie de trabajos diplomáticos importantes

Emmanuel Macron obtiene una victoria de un partido que parecía perdido.

El G7 de Biarritz sólo había generado expectativas negativas. El propio Macron reveló el jueves que no habría comunicado conjunto al finalizar la cumbre; lo que quiso decir es que no habría consenso.

Ésta fue, quizá, la mejor estrategia que sembró el presidente francés sobre la Cumbre del G7 de la que fue anfitrión.

Ayer, el propio Trump mencionó sus palabras favoritas: fake news, para dibujar el contexto del G7. El estadounidense dijo que la desunión entre los siete líderes del planeta planteada por medios de comunicación y por más de uno de los líderes presentes en Biarritz, era falso (y ojo, porque a continuación pronunciaría lo inimaginable hasta el viernes pasado), porque en temas vinculados al Acuerdo Nuclear, “pronto será hora de reunirse con Irán”.

Trump reconoció que sí hubo consenso entre los siete sobre el tema: nunca deberá desarrollar armamento nuclear.

Victoria de Macron, porque reforzó su imagen de líder global sobre cambio climático. Sin que estuviera el presidente de Brasil presente en Biarritz, la imagen de un indolente, y hasta cierto punto retrógrada, Jair Bolsonaro sí se logró colar en las mesas de la cumbre gracias a Macron.

Los incendios en la selva del Amazonas y la visión pueril de Bolsonaro, burlándose de la esposa de Macron, Brigitte, representaron la escenografía que ayudó al presidente francés a fortalecer su imagen de líder del cambio climático.

Victoria de Macron porque la presencia en Biarritz del ministro de Exteriores iraní, Mohammad Yavad Zarif, representa un fuerte empujón al acuerdo nuclear. Angela Merkel y Boris Johnson, dos de los firmantes del acuerdo, atestiguaron el éxito de Macron.

Macron preparó la cumbre con detenimiento y hasta con movimientos artesanales; la base de su éxito fueron las relaciones personales: logró que Trump no arruinara Biarritz a cambio de ceder en el ámbito fiscal, en particular, en suspender la aplicación de una tasa impositiva de 3% a las empresas tecnológicas como Google, Apple, Amazon y Facebook.

Otra relación importante es con Putin. Al haberlo invitado a una casa de verano del Estado francés, Macron entiende que la geopolítica requiere de intervención del presidente ruso para descifrar Siria e Irán. Enfriar la zona, el objetivo.

Fue Boris Johnson quien criticó a la guerra comercial de Trump con China; fue Macron quien le dijo que la incertidumbre es un cáncer no sólo para el comercio internacional sino para la economía en general. Fue Trump el que aceptó que las negociaciones con China deben de seguir.

Macron sabía que Biarritz era su última oportunidad para hacer crecer sus rasgos globales. Internamente, debilitado por las finanzas públicas y los Chalecos Amarillos. Sin embargo, el Brexit, la crisis política italiana y el tour de despedida de Merkel proyectan sombras en la región.

No es nada sencillo operar el G7 con el sabotaje de uno de sus miembros, Trump. Tampoco lo es si se agrega la crisis que está generando la ola populista internacional.

Neymar, en la banca; pero Macron salva al equipo.

Fausto Pretelin

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.