Del desorden al orden, quizá .

G. Ellmann, L’Impensable

Un nuevo ciclo económico en su comienzo. Parece. Se caracteriza por los reacomodos de países y regiones en la globalización y por nuevos factores que inciden en ella de manera directa e inmediata. Sintomáticos y, en estas semanas y meses, hiperreales, su virtualidad no se deja ver ni medir, tres procesos.

Primero, aun si lento y vacilante, el de la recuperación de Estados Unidos al frente del nuevo rizo del capital. Segundo, el de los acuerdos para reactivar los movimientos regionales del mercado mundial, principalmente el Gran Tratado del Atlántico de Estados Unidos con la Unión Europea y el Acuerdo Transpacífico en el que, de nuevo, Estados Unidos aumentará su presencia en Asia, y en el que México, si eleva su competitividad, encontrará un motor adicional importante de su crecimiento durante los próximos años.

Tercero, el desarrollo científico y tecnológico, no sólo en información y comunicación, sino también en las llamadas ciencias de la vida y en los conocimientos y dispositivos impensables que comienzan a diseñarse a partir de la nueva toma de energía en el universo: computadoras cuánticas, técnicas alternativas de recarga de energía y virtualización de las distintas formas de producir cosas.

Ya han comenzado a aparecer otros lenguajes, otros modos de interacción en el vivir-juntos, otras derivas de la creatividad. Se vislumbra, ya, otra civilización. Se caracteriza por su virtualidad y su velocidad, aunque avanza en medio de la violencia, la dureza, y las desviaciones. Aumenta la aleatoriedad: todo es metaprobabilístico, todo se juega en una superlotería cósmica.

Frente a esta avalancha civilizatoria, las viejas preguntas caen por su propio peso, son obsoletas, como todas las relativas a la reforma energética que deberá completarse durante las próximas semanas con sus numerosas leyes secundarias. Naturalmente, esas cuestiones concretas deberán resolverse de acuerdo con la máxima intensidad estratégica, pero pronto se convertirían en curiosidades de museo si no vislumbran, también aquí, tres giros.

Giro del hacer lugar. Primero, generación de empleos. Segundo: giro de la transformación de los entornos para que favorezcan la velocidad individual. Tercero: giro de la creatividad. Esto exige enlaces y decisiones sistémicas. La economía no puede separarse de la educación, y ambas de lo que se llama cultura: modos de pensar y de ser. El singular-potencia por sí mismo es creativo y vive en la velocidad. Se está ante la posibilidad de relanzar ese potencial. Es ahora.