Por razones que pueden atribuirse a diversos factores, uno de ellos las elecciones de Estados Unidos (EU) para el próximo mes de noviembre, Donald Trump cedió ante el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, a realizar una tregua en su guerra comercial contra todos. Fue definida una suspensión de nuevos aranceles por parte del gobierno estadounidense.

Trump, tardíamente, se dio cuenta de que cualquier decisión unilateral tiene sus consecuencias. La respuesta de los países afectados aplicando represalias arancelarias ya significó que Trump decidiera conceder ayudas públicas a la agricultura de su país por 12,000 millones de dólares y tendrá que hacer lo mismo con otros sectores afectados por sus decisiones.

Es deseable una reconsideración, difícil por el carácter errático del presidente estadounidense, mismo que es objetado severamente por algunos de sus colegas republicanos por los peligros evidentes de sus decisiones.

Una irónica observación sobre el proteccionismo iniciado por Trump la hizo el senador estadounidense Ben Sasse, que dijo: “Los aranceles y rescates de esta administración no van a volver a hacer grande a América, sino que la llevarán a 1929”. Tiene toda la razón. Regresan las ideas populistas de los años 30, el proteccionismo económico, la afectación de los mercados, la subida de precios al consumo y el deterioro del sistema de reglas.

Globalmente se afecta la inversión entre países, se encarecen los factores de la producción, se regresa a las herramientas mercantilistas que dejaron constancia de su paso negativo por el mundo.

Las perspectivas son inciertas mientras Trump gobierne EU. El analista internacional Lluis Bassets, dice: “Se sabe cómo empiezan pero no cómo acaban. Todas son iguales en cuanto a su impredecibilidad. Es fácil lanzar un ataque, en este caso arancelario, pero difícil prever qué sucederá más tarde, cuando lleguen las represalias y luego la escalada”. En esa estamos.

Pero de fondo, más que proteger a sectores que se han visto afectados en la economía estadounidense, de lo que se trata por parte de Trump es destruir el orden multilateral, que se ha construido con base en la cooperación de los países para salvaguardar principios básicos. Trump está en favor de la libertad del más fuerte, amenaza y golpea.

Trump ha dado muestras de su deseo de dividir Europa. Por eso le aconseja a Theresa May una línea dura en el Brexit. Ha intentado que Macron y Merkel se descuelguen de Europa, pero no lo ha logrado. Ambos, junto a Jean Claude Juncker, están claros de que la integración de Europa es la única apuesta política en favor de la paz y del desarrollo.

En otro ángulo político, Trump, después de insultar a Irán de manera patética y que produjo una respuesta digna de ese país, ahora dice que quiere un pacto nuclear con Irán. Esto es totalmente descabellado después de que varios países importantes lograron el pacto vigente y del cual se salió Trump.

Y como cereza del pastel, el presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, marcó distancia con Trump al señalar que si Putin llega a Washington a una visita de Estado, no será invitado al Congreso.

SergioMota Marín

Economista

Economía y Sociedad

Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.