Caso 1: boda real

A medida que las redes sociales y los medios nacionales e internacionales se saturan de noticias devastadoras, escándalos de corrupción, desastres ecológicos, accidentes aparatosos y cientos de miles de noticias falsas desperdigadas en un sinfín de plataformas, de pronto un espectáculo de alcance mundial pone de manifiesto una vez más el poderío de las transmisiones en vivo por televisión.

El pasado sábado 19 de mayo millones de espectadores alrededor del mundo en los distintos husos horarios sintonizaron sus televisores para ver la boda del príncipe Harry y Meghan Markle. Si bien es cierto que la boda también fue vista en vivo a través de plataformas digitales, el número de espectadores por televisión resulta atractivo para anunciantes y alentador para las televisoras.

Según los resultados arrojados, en el Reino Unido se estima que más de18 millones de espectadores vieron la boda en vivo a través de la BBC y algunas otras televisoras afiliadas. Para la BBC, que obtuvo un share promedio de 64%, este evento es hasta ahora el evento televisivo más grande del año. En el Reino Unido, la boda fue transmitida en salas de cine, bares, pubs, hoteles, aeropuertos y prácticamente cualquier espacio público con una pantalla.

Esto, adicional a los 100,000 visitantes que viajaron a Windsor para formar parte de las vallas humanas y los 5,000 reporteros y periodistas que cubrieron el evento.

En Estados Unidos, la boda real fue vista en vivo por 29.2 millones de espectadores y según el diario Mail online transmitida por 46 televisoras. Lo cual significo un crecimiento de 26 % en comparación con los 23 millones de espectadores que vieron la boda de su hermano el príncipe William y Kate Middleton en abril del 2011. La cadena que tuvo la mayor audiencia fue NBC. Esto evidentemente se debió a que la ahora duquesa de Sussex es una actriz de origen estadounidense con un carisma envidiable para la cámara.

Un país que inhibió a sus televisoras de transmitir la boda real fue Rusia, en donde más allá de no cubrir la transmisión, se criticó ampliamente “la saturada cobertura de un evento forzado sobre la descendencia petrificada de un imperio con una historia repleta de desgracias”, situación desde luego reprobable en términos de libertad de expresión.

Caso 2: Tercer Grado

En otro contexto totalmente distinto y a otra escala, el programa de entrevistas y análisis político encabezado por el Dr. Leopoldo Gómez de Televisa también ha puesto en manifiesto la enorme vocación de servicio que la televisión abierta aún brinda a las audiencias.

Es válido decir que gracias a su formato, duración, objetividad así como el profesionalismo de los conductores, Tercer Grado permitió al electorado mexicano un acercamiento bastante inusual con cada uno de los cinco contendientes a la presidencia. Incluso, si bien en esta columna he manifestado mi escepticismo con respecto a la efectividad de los debates televisivos, creo que programas como Tercer Grado sí cumplen con la función de informar y poner sobre la mesa temas que ayudan a los votantes en su toma de decisión.

Las cinco emisiones especiales de Tercer Grado, con mesas de análisis a candidatos presidenciales, transmitidas por Las estrellas, sumaron una audiencia total de 18 millones 316,090 personas*, según cifras de Nielsen IBOPE México.

Los cinco programas en los que, en orden cronológico, participaron los candidatos Andrés Manuel López Obrador, coalición Juntos Haremos Historia; José Antonio Meade, coalición Todos por México; Ricardo Anaya, coalición Por México al Frente; Margarita Zavala, candidata independiente, y Jaime Rodríguez Calderón, candidato independiente, registraron, cada uno, un promedio de audiencia de 3 millones 663,220 personas.

Estas cifras son las más elevadas de cualquier espacio informativo en los que hayan participado los candidatos a la presidencia, en la televisión mexicana o en la extranjera.

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AntonioAja

Columnista

Showbiz