Los pasados meses se han caracterizado por innumerables desconexiones por parte del gobierno federal con distintos sectores que conforman la economía del país. Al menos para la industria con la que estoy más familiarizado, telecomunicaciones, las contradicciones y mensajes obtusos que se reciben de forma periódica están creando una incertidumbre que no es positiva para el sano desarrollo de este sector.

Por un lado, sí es preocupante que súbitamente numerosas escuelas se queden sin conexión o que el portavoz del gobierno, el presidente Andrés Manuel López Obrador, no pueda distinguir las diferencias entre cobertura geográfica y cobertura poblacional en servicios de acceso de telecomunicaciones. Por otro, hay quienes minimizan tales acciones con el eterno perdón que concedemos a aquellas figuras que por alguna casualidad coinciden con las ideologías políticas que poseemos aunque sus acciones demuestren otra cosa.

Desde mi perspectiva, lo verdaderamente alarmante de esta colección de desatinos que estamos observando es su impacto en las estrategias de transformación digital que se estaban engendrando en México. Hay que estar consciente que para que se puedan digitalizar todos los segmentos productivos de la economía para hacerlos más eficientes, tanto la empresa privada como el gobierno deben convertirse en fuertes colaboradores.

Una parte neurálgica de la famosa transformación digital es poder hacer más eficientes todos los procesos burocráticos del gobierno para de esta forma agilizar inversión, incrementar la transparencia y ofrecer un mejor servicio a los ciudadanos. Esto que suena tan sencillo requiere un alto nivel de coordinación entre todas las entidades gubernamentales federativas y, en una primera fase, entre éstas y las autoridades estatales. El objetivo eventual es poder ir integrando en este sistema completamente digitalizado a todas las entidades públicas a nivel municipio.

Las ventajas de tal sistema son innumerables, tanto en reducción de costos de proceso como en tiempo ahorrado en trámites tanto por las empresas como por el ciudadano común. Sin embargo, en un entorno en el que se ignora cuál será finalmente la entidad que cumplirá el mandato constitucional de brindar servicios de telecomunicaciones a aquellas poblaciones que en estos momentos se encuentran excluidas de las redes de los operadores tradicionales.

Simplemente dicho, si se es capaz de renovar a tiempo un contrato de Internet para una escuela pública, qué se puede esperar de cualquier proceso entre múltiples agencias de gobierno para coordinar la selección, implementación y capacitaciones necesarias para la digitalización coordinada de sus procesos internos y externos.

Obviamente, todo lo anterior no puede analizarse de forma cuidadosa si no se plantea una pregunta sumamente necesaria: ¿de dónde saldrá el dinero y otros recursos necesarios para costear cualquier proceso de innovación tecnológica?

Por ahora lo que se nota en los principales medios noticiosos es que nos encontramos en un hiato de la discusión positiva sobre la transformación digital, que ha sido suplantada por un intercambio de reclamos (ya hasta insultos) sobre las decisiones e ideas que está teniendo la presente administración presidencial de México.

Mientras esto sucede, no se puede obviar el gran contraste que existe entre la labor del Instituto Federal de Telecomunicaciones para establecer condiciones de mercado que faciliten la llegada de nuevas tecnologías por medio de cambios regulatorios y la asignación de nuevas licencias. Esta desconexión entre una realidad donde el regulador requiere información de todos los actores del mercado para poder tomar sus decisiones y la pelea de barrio causada por una declaración desatinada puede desviarnos la atención de lo que es verdaderamente importante para el país. Es importante no perder el rumbo y continuar las conversaciones serias con las entidades que si están preparadas para conversar a profundidad sobre todo lo relacionado a la brecha digital y las Tecnologías de Información y Comunicaciones, mejor conocidas como TIC.

Recuerden que se puede reprochar todo lo que uno desee, pero el presidente de México no es todólogo para llevar en su mano la verdad suprema de todos los temas.

* José F. Otero tiene más de 20 años de experiencia en el sector de las TIC.

José F. Otero

TIC y Desarrollo

José F. Otero tiene más de 20 años de experiencia en el sector de las TIC. Esta columna es a título personal.