Las siguientes semanas sin duda serán claves para el futuro de Grecia; sin embargo, la preocupación real de los inversionistas va mucho más allá de la actual tragedia griega.

El sentimiento generalizado es que los países más importantes de la Unión Europea (UE), Alemania y Francia, no se pueden dar el lujo de dejar caer a Grecia porque esto provocaría un efecto dominó que podría amenazar la esencia misma de la UE.

El objetivo principal de los países líderes de la UE ha sido el de establecer un mecanismo institucional de apoyo que funcione para rescatar Grecia, pero que pueda ser aplicado a cualquier otro país con problemas similares dentro de la UE. A pesar del incremento en el tamaño del paquete de apoyo, para muchos inversionistas el rescate representa un salvavidas temporal que no resuelve el problema de fondo.

Como hemos argumentado en este espacio en el pasado, el problema fiscal de Grecia no es inédito. Existen muchos otros países que tienen niveles de apalancamiento iguales o superiores a Grecia y que no han sido juzgados de manera tan violenta por el mercado.

Para algunos expertos, como el reconocido economista Paul Krugman, el problema principal de Grecia no es su nivel de endeudamiento sino su trayectoria de crecimiento económico de mediano plazo.

Krugman usa el ejemplo de EU en la década de la posguerra cuando el país redujo su nivel de deuda como porcentaje del PIB de más de 100% a casi 60 por ciento. Esto no ocurrió mediante una reducción en el monto de su deuda, sino mediante un incremento considerable en el ritmo de crecimiento de su economía. Para Krugman y otros analistas, Grecia no está en condiciones de replicar esta historia.

Mientras que EU utilizó una política monetaria expansiva para estimular el crecimiento económico, Grecia no es capaz de usar una política monetaria ad hoc a su situación debido a la adopción del euro como moneda única.

Asimismo, Grecia no puede usar a su moneda como válvula de ajuste. La teoría económica de libro de texto apunta a que una depreciación real del tipo de cambio, mediante la depreciación del tipo de cambio nominal, suele ser una válvula de ajuste menos dolorosa y más común.

A falta de esta válvula, los mecanismos de ajuste obligan forzosamente a estos países a reducir su enorme déficit fiscal mediante la implementación de medidas de austeridad que, de manera inevitable, tendrán un costo importante en términos de crecimiento económico y empleo.

La falta de autonomía monetaria plantea un cuestionamiento fundamental sobre la naturaleza misma de la Unión Europea. Las divergencias de crecimiento e inflación entre diferentes miembros de la UE y la falta de mecanismos para adecuar la política económica a una situación como la actual son un reto trascendental para el futuro del euro y la Unión Europea.

Ante este escenario, el ajuste del desequilibrio fiscal de Grecia se vuelve un reto prácticamente imposible.

Para algunos expertos, como Michael Cembalest de JP Morgan, el ajuste sin una depreciación del tipo de cambio puede resultar en un círculo vicioso - las medidas de austeridad provocan menor crecimiento que a su vez implica una menor recaudación, la cual también requiere de mayor austeridad. Una situación similar a ésta resultó en la salida de Gran Bretaña del Acuerdo Europeo de Mecanismos de Tipo de Cambio que fijaba la paridad entre todas las monedas de la Comunidad Económica Europea.

Las tensiones políticas en Grecia, a raíz de esta situación, están creciendo y aunque su economía no es suficientemente grande para causar una crisis global, las implicaciones de un rescate mal implementado podrían tener consecuencias trascendentales para el futuro del euro.