Es fundamental establecer horarios de comida tanto para el refrigerio como para las comidas principales, por el bien de adultos y niños.

Esta semana miles de estudiantes de educación básica y media superior regresan a clases bajo la modalidad a distancia que impone el confinamiento a causa de la pandemia. Evidentemente, los retos educativos y de aprovechamiento de esta modalidad son discutidos, analizados y señalados por expertos en didáctica y pedagogía. El confinamiento ha supuesto también para los padres de los niños un reto de organización y productividad del trabajo desde casa, además del cuidado de los niños.

Con el regreso a clases se imponen nuevas organizaciones de la cotidianeidad que además de todo lo antes mencionado imponen retos para mantener el bienestar físico y mental. Estos retos presuponen la manera de alimentarse, una vez que todos los miembros de una unidad doméstica estén concentrados en sus tareas diarias. ¿Quién o quiénes estarán encargados de proveer y alimentar a todos? ¿En qué horarios se hará? Parecen preguntas simples, pero encierran un trasfondo complejo: la carga de trabajo doméstico y la productividad laboral han generado ya sus primeros estragos en la salud mental de adultos en confinamiento. Aunque los niños puedan aguantar dos horas de clases a distancia, los ritmos de la escuela, incluida la hora del recreo, son importantísimos para mejorar su desempeño.

El recreo les impone una estructura en los tiempos de trabajo y descanso, además de significar la hora en la que consumen un refrigerio. Es el momento ideal en el que bajo la aparente ausencia de la profesora en el salón de clases, aunque siempre bajo el escrutinio de normas sociales, los niños ponen a prueba su capacidad de sociabilidad y de adaptación con sus pares, de convivir alrededor de los alimentos en un tiempo de comida en donde hay poca presencia de adultos. Los juegos del recreo, incluyendo la comida que ahí se consume, son pues también una parte esencial de la formación de los niños. Si los estragos del confinamiento se ven ya en la falta de interacción de niños con otros pares, es evidente que esta carencia seguirá por lo menos hasta que la pandemia se controle.

Como no resulta constructivo lamentarse por lo que no se tiene en lugar de actuar con lo que se tiene, por el bienestar físico y mental de todos los miembros del hogar —y aunque en un principio parezca una imposición— es fundamental establecer horarios de comida tanto para el refrigerio como para las comidas principales, por el bien de adultos y niños. Está comprobado que, en promedio, podemos estar concentrados durante cuatro horas sin tener una pausa. Este resultado puede ser incluso menor, ya que las nuevas tecnologías y modalidades de consumo de contenido en redes sociales nos han ido acostumbrando a perder el foco de concentración por largo tiempo, al obtener estímulos cortos en muy poco tiempo.

Para los adultos hacer un corte a la hora de la comida también es recomendable para su rendimiento. Aprovechar que se está en casa para obtener acceso a platillos de fácil preparaciónpero recién hechos podría incrementar la sensación de bienestar. Una vez que se hace una pausa para comer, no es recomendable seguir delante de las pantallas aunque se esté navegando por redes sociales, noticias o entretenimiento. La hora de la comida permite, sin duda, esta pausa necesaria. Acostumbrarnos a esto es un reto, pero estos pequeños cambios pueden traducirse en mejoras en la salud emocional y física.

Twitter: @lilianamtzlomel

Liliana Martínez Lomelí

Columnista de alimentación y sociedad

PUNTO Y COMO

Columnista de alimentación y sociedad. Gastronauta, observadora y aficionada a la comida. Es investigadora en sociología de la alimentación, nutricionista. Es presidenta y fundadora de Funalid: Fundación para la Alimentación y el Desarrollo.