A mayor velocidad, mayor paciencia .

D. Bonhoff, Die Wahrheit

La globalidad, en su flecha más creativa, es un movimiento plural de universalización. No es un deber ser. Es efectividad, realidad. Sucede. Como el sol que sale cada día. ¿Alguien hará que no salga? El refrán es mucho más modesto: No se puede tapar el sol con un dedo . A los intelectuales europeos no les gusta el nombre de globalización. Dicen que es de cuño estadounidense, aunque se equivocan: globo, esfera, universo, son términos bíblicos y teológicos.

Ellos prefieren hablar de mundialización. La mundialización del mundo , escribe Derrida utilizando el pleonasmo para dar fuerza a la repetición. Pero, el mismo Derrida no desdeña el uso del término usual, y ante auditorios europeos y estadounidenses, se permite hacer una afirmación que escandaliza a muchos. La pregunta más afilada que lanza la globalización se deletrea de esta manera: ¿qué es Estados Unidos como hiperpotencia?

Toluca, para México, durante estos días, es el lugar de la pregunta. ¿Qué es Estados Unidos como vecino y socio comercial del TLC y, pronto, del Acuerdo de Asociación Transpacífica? No existe una respuesta clara y definitiva. Si la hubiera, desaparecería toda estrategia y no quedarían sino la ceguera o la luminosidad mecánica. De entrada, apenas se podría responder algo aproximado, sibilino si se quiere, pero que animaría una voluntad política a punto del estallamiento: fusión y dispersión de los flujos de energía que vienen de la vida, de los singulares-potencia y de la fragilidad.

Para México, por ahora, Estados Unidos es un punto singular de energías de efectos aleatorios en el tránsito a la sociedad virtual. Y viceversa. Para Estados Unidos, México es una fuerza de diferenciación aleatoria de las dimensiones abstractas de esa sociedad, lo no enlazado, lo destructivo, lo violento. En ambas direcciones se insiste en lo aleatorio: esas derivas se pueden dar o no dar.

Virtualidad, velocidad, universalización de los entornos de vida y de creatividad de los singulares. Comenzar por el del conocimiento y la repartición de conocimiento entre todos. Y desde aquí, hacer lugar, hacerse un lugar. Crear, diseñar cosas nuevas, producir mercancías de otro modo. El lugar de un país en el mercado global depende de su capacidad de crear, de innovar. Ese giro expansivo del vivir-juntos, en una de sus derivas, depende de la transformación del capital en virtualidad; en otras, avanza aun contra esa negatividad suspendida en su lado destructivo.