Vivir en 2021 y ser expectadores de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 en tiempo real, (no diferido) es algo inédito. Un paréntesis dentro del paréntesis, un respiro en medio de tanta incertidumbre, una ilusión en medio del desasosiego que ha provocado la pandemia.

Nunca antes en la historia se habían celebrado unos juegos olímpicos sin público en los estadios y recintos, jamás las medidas sanitarias y los protocolos habían sido tan estrictos. Lo que parecía impensable, sucedió. Por eso, sirvan estas palabras como un homenaje a cada atleta que ha viajado a Japón para hacer sonreír a millones alrededor del mundo que seguimos estos juegos con especial ilusión. Una sincera felicitación al Comité Olímpico Internacional (COI) del que dos queridísimas amigas son miembros, la Princesa Nora de Liechtenstein y la Princesa Reema Bandar Al-Saud de Arabia Saudita.

El COI y las autoridades niponas han hecho realidad unos juegos olímpicos que sin duda quedarán en nuestra memoria y corazón como esa luz que ha brillado en medio de la pandemia, simbolizando la unidad y la esperanza de un mundo que (RE)nace. 

Muchas son las historias que nos mueven y conmueven pero especialmente quiero referirme a la historia del oro compartido en salto de altura entre Gianmarco Tamberi de Italia y Mutaz Barshim de Qatar. Por primera vez en 113 años, hubo un oro compartido gracias a la generosidad de dos atletas. ¿Por qué resulta tan emotivo y tan simbólico que ambos hayan ganado el oro y compartan esta victoria?

En 2016, meses antes de los juegos olímpicos en Río de Janeiro, Gianmarco Tamberi, encaminado a ser campeón del mundo, se rompió el tendón de Aquiles con el riesgo de no volver a competir. En su propio yeso, él escribió una promesa:  "Camino a Tokio 2020 (luego lo tachó y puso 2021)". Ese yeso se convirtió en el amuleto que lo acompañó durante su preparación para los juegos de Tokio.

Tras la lesión y un muy mal desempeño tiempo después en París, Mutaz se convirtió en el amigo que motivó a Tamberi a salir adelante: "No intentes apresurarte", le repetía. “Tuviste una gran lesión, ya estás de regreso en la Liga Diamante. Nadie esperaba eso. Pero ahora necesitas tomarte tu tiempo, no esperes demasiado de ti tan pronto. Solo mira lo que pasa".

Gianmarco (RE)conoce que, lo más importante fue que Mutaz le ayudó a darse cuenta que tenía que hacerlo por él mismo y no por los demás. A partir de entonces, dejaron de ser rivales para convertirse en grandes amigos. Por eso resulta tan especial lo que ocurrió en Tokio. Ambos decidieron dar por bueno el listón de 2.37 que habían saltado. Llegaron a ese punto empatados. Cuando un juez les avisó que podían seguir o quedarse así, se miraron y no lo dudaron. Decidieron no ir a muerte súbita y ambos eligieron compartir la gloria del oro olímpico.  

Los dos (RE)conocieron que nada era más emocionante que subir al más alto podio olímpico con su mejor amigo. Vaya lecciones nos han dado. No importa de qué tamaño sea nuestro fracaso anterior o nuestra última derrota, siempre podemos reponernos y seguir soñando para lograr esas metas por inalcanzables que parezcan. 

Cuando menos lo esperas, alguien que parecía un rival se puede convertir en tu mejor amigo si la apertura y generosidad son auténticas y recíprocas; si eliges derrotar al ego desde el corazón. Compartir es la victoria más grande. En el caso de Tamberi y Barshim, compartir un título ha sido motivo de enorme satisfacción y refleja ese verdadero espíritu de colaboración y unidad que anhelamos después de esta pandemia. Después de Covid-19 y de Tokio 2021, el mundo no volverá a ser el mismo. Ojalá nosotros tampoco pues podemos aspirar a ser mucho mejores. Es hora de (RE)inventarnos. 

Armando Regil Velasco

Licenciado en Negocios Internacionales

Ágora 2.0

Licenciado en Negocios Internacionales graduado con mención honorífica por el Tec de Monterrey. Estudió Economía y Políticas Públicas en Georgetown University. Cuenta con diversos diplomados de institutos como: la University of International Business and Economics de Beijing.

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