Es tradición echarle la culpa a Hacienda de las pérdidas de Pemex. Pero este año de plano no aplica. Pemex va a registrar pérdidas multimillonarias aún antes de pagar un centavo de impuestos o poder invertir un dólar. Tan sólo para mantener su producción actual con precios de 25 dólares por barril, Pemex Exploración y Producción necesitaría que los contribuyentes renunciemos a cobrarle todos sus impuestos y, además, le regalemos un mínimo de 2,000 millones de dólares al año.

No es todo. Pemex y el presidente López Obrador además se rehúsan a poner de su parte ajustando el gasto o la inversión. Desde su perspectiva, es mejor que en plena crisis los contribuyentes cubramos por completo los 14,000 millones de dólares de inversión en exploración y producción. También insisten en que paguemos el gustito de Dos Bocas, que se financia con pesos baratos del erario y se paga con dólares más caros.

Los datos, que se desprenden del reporte “Will Lower Oil See Mexico Slip?”, coordinado por Nikolaj Lippmann, de Morgan Stanley, son contundentes. Ante prácticamente todos los escenarios de precio razonables, Pemex no va a poder generar flujo positivo de efectivo. En el contexto actual, se puede inferir, producir más implica perder más. Como expliqué la semana pasada, a Pemex no la están fortaleciendo, sino sacrificando.

Igual que prácticamente todas las empresas del mundo, es claro que en este momento Pemex tiene que hacer cambios profundos y recortes dolorosos. Insistir (como Pemex lo hizo hace unos días) en el plan de perforar 432 pozos y construir una gran refinería suena al discurso de una organización francamente desadaptada. De acuerdo con un reporte de Welligence que analiza las acciones de 72 empresas petroleras, el recorte promedio en presupuesto a nivel global ha sido de 35 por ciento. Ecopetrol y Petrobras, que también son empresas estatales latinoamericanas, han anunciado recortes de 25 y 30 por ciento.

El presidente y Pemex se rehúsan a cambiar. En un momento en el que es perfectamente claro que las autoridades hacendarias y monetarias del país van a necesitar echar mano de todas las herramientas posibles y de todos los grados de libertad al alcance, Pemex y el presidente no han tenido mayor empacho en malgastarlas simplemente para pagar el “lujo” de no tener que adaptarse. Es irresponsable.

También es cada vez más difícil de explicar. Es cosa de días para que el presidente presuma orgulloso que Pemex va a pasar la crisis sin cortar empleo ni actividades. Pero indudablemente va a omitir que no van a ser ni él ni los ejecutivos de Pemex los que paguen la hazaña. Ellos no se han esforzado ni para adaptarse. Los que vamos a pagar somos los contribuyentes independientes, que estamos luchando para reinventarnos. Buena parte de los impuestos más difíciles de pagar en mucho tiempo se va a despilfarrar en el más absurdo de los lujos burocráticos: la continuidad cortoplacista de un discurso petrolero excluyente y mitotero.

Es frustrante. Esta es una pirinola cargada y muy poco solidaria. Salga lo que salga en los próximos meses, aquí todos ponemos, menos Pemex.

Pablo Zárate

Consultor

Más allá de Cantarell