Históricamente, a los países atrasados se les denominó subdesarrollados; después, las organizaciones mundiales les dieron un toque de educada prudencia llamándoles países en vías de desarrollo, con el auge económico y de las materias primas, algunos países descollaron y se ganaron el término de países emergentes, mientras el resto continuaba atrasado y sin viabilidad.

Ahora, con la caída vertical del precio del petróleo, el deterioro de los precios de las materias primas y el crecimiento lento de la economía mundial, particularmente de los países europeos, los emergentes que tuvieron un buen desempeño reciente, ven a sus economías deteriorarse. El año pasado, toda América Latina tuvo un crecimiento económico de sólo 1.2% y las economías más grandes, las de Brasil y México, lograron sólo un avance de 0.1 y 2.1%, respectivamente (según estimaciones del FMI).

China e India, los dos países emergentes más importantes, por su condición de países taller y que cuentan con enormes recursos, se han visto afectados por la contracción de la demanda mundial. Después de tener tasas de crecimiento de 10%, para este año se estima que China crezca a 6.8% e India, 6.3 por ciento. A Rusia, otro país emergente, le pegó muy duro la caída del precio del petróleo y el año pasado habría crecido 0.6 por ciento.

En América Latina, es evidente que se desaprovechó la época de las vacas gordas. No es la primera vez que los recursos obtenidos por un crecimiento económico alto derivado de exportaciones crecientes no se dedican a fomentar el desencadenamiento de actividades económicas fundamentales para el crecimiento y desarrollo económico.

Elizabeth Tinoco, directora general de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en América Latina, reflexiona así sobre esta situación reciente: América Latina no supo aprovechar la década de crecimiento sostenido para transformar su economía. Exprimió al máximo lo que le funcionaba, el petróleo, pero no abrió más vías para diversificar su producción y crear empleo. Para los países que dependieron tanto del crudo, el panorama es dramático .

Los datos de la OIT para el 2014 en América Latina son los siguientes: 15 millones de desempleados en las zonas urbanas, 1 millón de empleos menos sólo en el 2014, la previsión de otros 500,000 desempleados en el 2015. Hay 130 millones de personas que desarrollan un trabajo informal, a consecuencia de que la economía formal no los puede absorber. O dicho de otra manera, es una característica relevante del subdesarrollo. No tienen prestaciones ni seguridad social y significan 47% de los trabajadores de América Latina.

En épocas de crisis y de ingresos bajos es cuando se agudiza el subdesarrollo y los problemas sociales. Ocurren las regresiones.

Dentro de América Latina, sólo ocurrirá un alivio en los países vinculados a Estados Unidos como es México. Los más afectados serán Argentina, Brasil y Venezuela, que por ello están mirando hacia China que se ha convertido en un importante inversionista de la región.

Contrastando con esta situación de la economía real, los gobiernos de los países tratan de sostener una macroeconomía estable. El problema es que es al costo de inmovilizar los incentivos para desarrollar una microeconomía competitiva y la indiferencia a la mayor inversión en capital humano.