La Secretaría de Hacienda proyectó que el crecimiento del PIB quedaría en un rango de 3.2 a 4.2 por ciento.

¿Es tiempo de revisar el pronóstico del PIB a la baja? Ustedes me dirán que es muy pronto para dar ese paso, aún no ha terminado la primera quincena de enero. Permítanme usar una metáfora boxística. Imaginen que tenemos una pelea a 12 rounds. En el primer minuto del combate, el boxeador A, llamémoslo El Canelo, conecta fuerte a su rival y lo manda a la lona. No ha terminado la pelea, pero el duelo ya dio color... No necesitamos esperar más tiempo para lanzar una opinión sobre el desenlace.

No quiero abusar de la metáfora, pero espero que la imagen haya quedado clara. La Secretaría de Hacienda proyectó que el crecimiento del PIB quedaría en un rango de 3.2 a 4.2 por ciento. Es apenas el 14 de enero y ya tenemos motivos suficientes para cuestionar el optimismo del pronóstico oficial.

Ayer Gabriela Siller se atrevió a jugar el papel de Casandra y lanzó un pronóstico que está muy por debajo del hecho por Hacienda. El PIB no crecerá arriba de 2.3 por ciento. Podría quedar en una cifra tan baja como 1.8 por ciento. Ella es una de las mejores analistas económicas de México y directora de análisis del Grupo Base. Los factores que justifican su pronóstico son el bajo precio del petróleo; la volatilidad del tipo de cambio y el alza en las tasas de interés que implementará la Fed, a la que seguirá el Banxico.

No es pesimismo, sino cautela, dice Siller. ¿Qué tenemos en el otro lado de la balanza para compensar las tendencias negativas? Para volver a la metáfora pugilística, ¿qué recursos tiene el rival del Canelo, ése que cayó a la lona en el primer round? Hay una alta probabilidad de que haya un aumento de las exportaciones, impulsado por la depreciación del tipo de cambio. Existe también la posibilidad de que haya un incremento de la inversión extranjera, vinculado a la apertura del sector energético y a las oportunidades en infraestructura.

Cuando se trata de ponderar los diferentes factores, es importante destacar el papel que juega la incertidumbre. No sabemos cuándo tocará fondo el precio del petróleo ni tampoco cuánto tiempo más durará la danza macabra de las divisas. Lo único cierto es que ambas variables se cocinan a escala global y México tiene poca capacidad de influir en ellas. Eso no impide que tengan un enorme impacto en el desempeño económico de nuestro país.

El precio del oro negro afectará mas allá de que se tengan coberturas para garantizar los ingresos públicos del gobierno federal, sobre una base de 79 dólares el barril. Afectará porque traerá incertidumbre a los ingresos de estados y municipios, responsables del ejercicio de 4 de cada 10 pesos del gasto público. También restará atractivo a los procesos de licitación de campos petroleros y, además, porque hará necesario un recorte al presupuesto de Pemex, como anticipa la nota que hoy publica El Economista. Pemex es la mayor empresa de México. Una variación de su gasto de inversión tiene un fuerte efecto sobre la economía.

La volatilidad del tipo de cambio genera incertidumbre en los consumidores y los inversionistas. Entre mas tiempo dure esta incertidumbre, más profundos serán los efectos en la inversión y el consumo.

Ser optimista implica pensar que el petróleo detendrá su caída y mostrará cierta recuperación. Quiere decir también tener fe en que la guerra o danza de las divisas se detendrá pronto. ¿Usted se considera optimista? Compártanos sus razones.

lmgonzalez@eleconomista.com.mx