Creo no ser supersticiosa debido a mi pasión por la ciencia, que me lleva continuamente a leer libros de divulgación. Lógicamente, tampoco creo en la fatalidad ni en un plan maestro que determina lo que sucede en este planeta; soy una incrédula para decirlo claro. Sin embargo, ante las situaciones desastrosas y las terribles penalidades que hemos vivido los humanos en el 2020 y en lo que va de este año, estoy por pensar que algo sobrenatural existe y que los demonios, cualquier cosa que sean, andan sueltos.

Pandemia, crisis económica, millones de muertos en el mundo y en nuestro país, negocios quebrados, desempleo, ansiedad, depresión, en fin…la lista de las penurias es larga. 

Pero cuando hace unos días se produjo, además de todo esto, la tragedia (que no incidente, Dra. Sheinbaum) del metro Tláhuac me quebré ante tanto dolor y me surgió una idea perturbadora: ¿qué habremos hecho los mexicanos para, encima de todo, tener tan irresponsables gobiernos? 

Y es que la historia de la Línea 12 del metro es oscura, tenebrosa y viene de muy atrás, exactamente del último año del Sr. Ebrard al frente del gobierno de la ciudad de México. Digámoslo claro: la llamada Línea Dorada tuvo un problema de origen. Mucho de esto comentaban desde entonces los expertos, incluso antes de su inauguración que fue en octubre de 2012. 

Recordemos que en aquel entonces Mario Delgado, actual dirigente de Morena, era el Secretario de Finanzas en la CDMX. Unidos siempre, Ebrard y Delgado, la gran mancuerna.

Para marzo de 2014 de plano se suspendió el servicio de esa línea del metro por comprobarse un problema en la ondulación de las vías y otras fallas estructurales graves (en más de 10 kilómetros de los 25 del trayecto) que ponían en riesgo a los usuarios. Volvió a entrar en operación hasta 2015 y en los sismos del 2017 nuevamente se suspendió el servicio entre Tláhuac y Culhuacán. 

Eso sí, en medio de estas turbulencias, el actual canciller en cuanto terminó su gestión al frente de la CDMX se fue a vivir a Paris y se desentendió de todos estos problemas.

Como sabemos, con las vacaciones del Sr, Marcelo no termina esta triste historia: el 3 de mayo, como una maldición, una combinación de negligencia, falta de mantenimiento, incapacidad, el lamentable austericidio y la irresponsabilidad innegable del Gobierno de la CDMX, hicieron que 25 personas fallecieran y que 79 resultaron heridas en esa noche aciaga. 

El día que escribo esto, aun hay 15 personas desaparecidas y 38 continúan hospitalizadas. Una enorme desgracia para México.

Son muchos y muy poderosos los involucrados de una u otra manera en esta catástrofe: Marcelo Ebrard, Mario Delgado, Claudia Sheinbaum, para empezar. Funcionarios todos, muy cercanos y útiles al presidente. 

Nadie se ha responsabilizado del hecho, nadie ha presentado su renuncia, ni siquiera la directora del Sistema de Transporte Colectivo. El peritaje se encargó a una empresa extranjera que tardará varias semanas en tener sus resultados, que se presentarán seguramente hasta después del 6 de junio. 

¿Sabremos algún día realmente lo que sucedió?, ¿conoceremos a los autores intelectuales y materiales de esta tragedia?, ¿estamos a tiempo de exigir un peritaje independiente y totalmente transparente en el que pueda confiar la ciudadanía?

Como decía al principio, no creo en milagros y soy escéptica. Vivimos, qué duda cabe, en tiempos de canallas y los demonios, existan o no, andan sueltos.

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Tere Vale

Psicóloga

Columna invitada

Psicóloga, conductora, escritora, comentarista de Grupo Fórmula.

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