Grecia está al borde de la moratoria. Su millonaria deuda parece impagable en las condiciones económicas que padece. Por más presión que puedan meterle el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Comisión Europea, su población está empobrecida, desempleada, sin capacidad de tributar más de lo que ya contribuye. Mientras la economía no produzca y genere plazas laborales, no dispondrá de recurso alguno para pagar sus obligaciones y enfrentar los plazos próximos de vencimiento.

La deuda griega tiene tal volumen, que está ubicada según el CIA factbook world, como la quinta más grande del planeta, debajo de la japonesa, la italiana, la de Islandia, la del Líbano y la de Jamaica.

Las obligaciones públicas de aquel país suman 540,000 millones de euros. Más del 144% de su PIB.

Tal como está la economía helena, el sector público apenas logra ingresar unos 114,000 millones de euros anuales. No hay más de donde exprimir a la población que además enfrenta una tasa de desempleo del 14 por ciento.

Leí un análisis del Brookings Institute, donde explicaban que la Grecia enardecida que se ve en las noticias muestra el extremo de un gobierno empobrecido que no tiene, ni ha tenido la liquidez para tratar de estimular a su economía. Es la otra cara de Estados Unidos, advertían, donde sí ha habido fuertes inyecciones de dólares para tratar de acelerar el consumo.

Luis Guillermo Colin, investigador del departamento de Relaciones Internacionales del ITESM, me explicó que Grecia está maniatada por la Unión Europea, pues hoy carece de la autonomía para implementar políticas agresivas de estímulo a las exportaciones. No puede, como si lo ha hecho Estados Unidos, imprimir billetes e inyectarlos a su economía para acelerar la demanda.

Ahora entiendo los jaloneos entre Francia y Alemania para tirarle un nuevo salvavidas millonario que creo, es cada vez más angosto y terminará por ahorcarle. Grecia se hunde y amenaza con desfalcar a los países ricos de la Eurozona.

¿Y las amargas medicinas que recetó el FMI a México en el 82, en 87 y en el 95? ¿Por qué no emitirlas con cargo a la Unión Europea? ¡Ah, claro!, es que un europeo ha dirigido la política internacional del Fondo desde hace 46 años y entre gitanos, no nos leemos las manos.