La seguridad ciudadana se ha convertido en el centro del debate nacional. Como en todo momento de crisis, miles de voces se levantan para hacerse oír y en medio del barullo parece que lo irracional es razonable. En momentos como estos es donde se ve la altura política de los dirigentes.

El político debe abordar finamente, escuchar a todos sin confundirse y explicar con claridad aquello que la opinión pública puede saber, interpretando los límites de la razón de Estado. El político sabe que si comete un error en la evaluación y la toma de decisión, pagará con el poder que detenta, por lo menos.

Al escribir estas líneas, miles de voces se expresan en una penosa marcha alimentada por el dolor digno de todo respeto, pero también por cientos de intereses políticos que lucran con el momento y la circunstancia, exigiendo el cese de la violencia producto del enfrentamiento de las bandas criminales con las fuerzas del orden y la legalidad.

Por supuesto que los habitantes de esta gran nación deseamos la paz, evidentemente deseamos el cese de la violencia, pero en las circunstancias actuales, ésta es una frase que se presta a varias interpretaciones y algunas de ellas escapan a la racionalidad, al sentido común y a ese incómodo mundo de lo posible, evadido por quienes apuestan a que basta el discurso y el despliegue de cartelones y mantas para cambiar la realidad, llevando el barroquismo tan mexicano a extremos que sólo con nuestra idiosincrasia podemos pretender parte de la realidad.

De los significados posibles de la frase Alto a la violencia , tomemos dos que no resisten el análisis y quedan en el mundo del absurdo. El primero de ellos sería que el crimen organizado se diluyera y sus integrantes por pura voluntad regresaran a una vida honrada, apabullados por la petición y la imagen de miles de manifestantes vestidos de blanco, dispuestos a enfrentar a los cuernos de chivo con poemas de Benedetti y canciones de Pablo Milanés. Suena muy bien y muy romántico decir que la poesía puede vencer a las armas del crimen; habría, sin embargo, que considerar que los criminales de este país con trabajos leen, por decir lo menos.

El segundo de los significados que se puede dar a la frase mencionada es que los tres niveles de gobierno cesen en su combate a la delincuencia y al crimen organizado y permitan que las bandas delictivas tomen el control de la sociedad, poniendo fin a los hechos de violencia o que las fuerzas legítimas del orden eviten disparar a los criminales, inmolándose ante las armas criminales. Recordemos al primer ministro inglés Chamberlain, quien por buscar la paz entregó a un criminal el control de Europa y desató la peor de las guerras en la historia de la humanidad.

Todos queremos y deseamos el cese de la violencia, recobrar la tranquilidad que gozamos durante décadas.

Aspiramos a convivir de nuevo armoniosamente y recuperar la concordia social a través del diálogo y la tolerancia.

Pero para ello, nos guste o no, es necesario erradicar a los grupos criminales que se han infiltrado en la sociedad mexicana y tratan de confundirla trastocando sus valores, llevándola al enfrentamiento social, la desesperanza y la temprana y desmedida ambición, como fórmula mágica de la conducta, proponiendo un bienestar que es falso y una trampa mortal de la juventud.

La violencia va a cesar cuando derrotemos a los adversarios de todos nosotros, que ya sabemos quienes son.