La forma de hacer política en el mundo está cambiando de forma radical, sobre todo en Estados Unidos. Y aunque la bestialidad de Donald Trump se lleva todos los reflectores, hay otras figuras que están rompiendo paradigmas pero de manera positiva.

El ejemplo más claro es Alexandria Ocasio-Cortez, la joven de 28 años que, sin demasiado dinero ni colmillo político, logró vencer en las elecciones primaras de Nueva York a Joe Crowley quien llevaba en el cargo desde el 2004 y aspiraba a refrendar su escaño de la Cámara de Representantes en las elecciones de noviembre.

Ahora será ella y no él quien compita abanderando al partido demócrata por el distrito 14 de Nueva York, y de ganarle al republicano Anthony Pappas, no sólo desafiaría el estereotipo de los congresistas (hombres blancos de más de 50 años), también sería la ocupante más joven de un escaño en la Cámara de Representantes.

Al morir el padre de Alexandria, su madre salió adelante financieramente limpiando casas y manejando autobuses escolares. Un año antes de iniciar la campaña electoral, la joven política alternaba su trabajo de maestra con turnos de 18 horas como mesera.

Alexandria conoce en carne propia lo que padecen los habitantes de barrios populares. Vive en el famoso Bronx y lo representará en caso de ganar. Pero esto no es lo que llama la atención del mundo entero. Ella es una mujer preparada que ha participado en asuntos sociales de enorme interés para la comunidad como lo son: su defensa a los migrantes o a nativos de tierras en disputa, y los derechos de las minorías en general.

Ocasio-Cortez hizo campaña puerta a puerta y no aceptó un solo dólar proveniente de empresas, por lo que, de ganar, no deberá favores. Su victoria es importante en sí misma, pero también es un rayo de esperanza para muchas mujeres que han vivido situaciones similares.

El partido demócrata enfrenta una crisis desde la salida de Obama de la Casa Blanca, y todos sabemos lo que pasó después. Triunfos como el de Alexandria muestran el camino que deben seguir los nuevos políticos cuya intención principal es empoderar a los grupos más vulnerables para lograr tener una sociedad más igualitaria.

Alguien que podría aprender de la campaña de Alexandria es Cynthia Nixon, a quien conocemos como Miranda en la serie Sex and the City. Alguien que no tiene nada que ver con el ambiente de la farándula que, de repente, emigra a la política, como sucede en México.

Cynthia es una mujer que acompañó a mi generación durante la segunda revolución sexual. En la serie exteriorizó con claridad que sólo ella era dueña de su cuerpo y de sus decisiones, un papel que trascendió la pantalla y actualmente se ha convertido en una importante activista de los derechos de la comunidad LGBT.

Al igual que Alexandria, Cynthia competirá por la gubernatura de Nueva York contra un gigante de la política, el actual mandatario Andrew Cuomo, quien buscará el cargo por tercera ocasión.

Ellas son dos de las 36,000 mujeres interesadas en postularse a un cargo de elección popular en Estados Unidos. Ahora, le toca al electorado decidir si quiere continuar con el establishment que llevó a Trump a la Casa Blanca o dar oportunidad a quienes han cambiado los tacones por tenis para recorrer las calles de las ciudades.