El día de ayer se confirmó lo que todo el mundo sabía: España está oficialmente en recesión. Las cifras más recientes, aunadas a lo ocurrido en 2008-10 y las expectativas de una nueva caída en el PIB en el 2012 y el 2013 implican prácticamente media década perdida en términos de crecimiento económico. Esta situación ha provocado nuevas comparaciones con la década perdida de Japón en los 90. Dicha etapa se refiere al periodo de 1990 a 1999 durante el cual la economía japonesa estuvo sumida en una prolongada recesión que marcó a toda una generación.

Tanto la década perdida de Japón, la Gran Recesión de EU y la crisis actual en España empezaron después de un periodo de gran prosperidad, caracterizado por un incremento desmedido en los niveles de apalancamiento del sector privado y la creación de una gran burbuja especulativa que, al reventar, devastó al sector financiero y desató una ola sísmica con implicaciones dramáticas para el resto de la economía.

En el caso de Japón, la burbuja se dio principalmente en el mercado residencial y el mercado accionario. El principal índice bursátil de ese país, el Nikkei, triplicó su valor en menos de cinco años, pasando de 11,500 puntos a principios de 1985 a un máximo de casi 39,000 puntos a finales de 1989 (cabe mencionar que el Nikkei ha tenido episodios temporales de recuperación pero que hoy se ubica cerca de los 9,542 puntos).

Cuando el banco central de Japón decidió subir las tasas de interés para controlar la burbuja, el sector privado y los bancos entraron en una crisis de solvencia que obligó al gobierno japonés a efectuar un rescate del sistema bancario e implementar una serie de estímulos fiscales que deterioraron las finanzas públicas de Japón de manera significativa - el superávit público de 2.4% en 1989 se convirtió en un déficit superior a 10% para 1998. Después del error de política monetaria que implicó el alza de tasas, el Banco de Japón redujo las tasas de interés a cero en un intento para reactivar el crédito y el consumo.

La economía comenzó a crecer, en gran medida, gracias a las exportaciones. Sin embargo, la economía interna se sumió en un estancamiento que acabó por contrarrestar el dinamismo del sector exportador. El comportamiento de los consumidores cambió de manera permanente, las familias japonesas aumentaron su tasa de ahorro, disminuyeron su demanda de crédito y restringieron su consumo considerablemente.

Tanto Japón como EU en la crisis del 2008-09 tuvieron que hacer un rescate masivo del sector financiero, con el cual se trasladó gran parte del problema de apalancamiento del sector privado al sector público. El resultado fue un déficit del sector público muy por arriba de los niveles históricos y recomendables.

Sin embargo, existen también diferencias importantes: mientras EU y Japón tenían bancos centrales que lograron bajar las tasas de interés a cero e inyectar liquidez mediante la expansión de sus balances, España depende en gran medida de lo que haga el Banco Central Europeo (BCE). Mientras EU y Japón podían recurrir a la depreciación de su moneda para impulsar la competitividad de su sector exportador, España está atada al euro como moneda común.

Mientras que EU y Japón reconocieron de inmediato el gravísimo problema que enfrentaba su sector financiero y diseñaron medidas concretas para recapitalizar a sus bancos, las autoridades españolas no han podido o no han querido moverse con la agilidad necesaria para reconocer el grave problema que enfrenta el sistema financiero español a raíz de la gran burbuja especulativa en el mercado inmobiliario.

El problema de la economía española todavía no es uno de insolvencia, es uno de falta de crecimiento en medio de un proceso masivo de desapalancamiento y serias limitantes en cuanto a herramientas de política económica. El problema se agrava por la lentitud para reconocer que el sistema financiero necesita tapar varios hoyos con capital fresco en cantidades importantes. Los mercados han traducido esto en un alza importante en los costos de fondeo de España, lo cual hace cada vez más complicado mantener la trayectoria de reducción de déficit fiscal comprometida con el FMI y la Unión Europea. Aun con el apoyo decisivo del BCE y la Unión Europea, España podría tener su propia década perdida en términos de crecimiento.