En la primera parte de esta nota comenté las principales tendencias económicas, demográficas y sociales que definen el actual y futuro desempeño de los sistemas agroalimentarios globales. En esta segunda parte comentaré los retos a los que nos enfrentamos para alcanzar sistemas alimentarios sustentables y eficientes

La interrogante principal que pretende responder la Organización de las Naciones Unidas para la agricultura y la alimentación en su documento El futuro de la alimentación y la agricultura es si seremos capaces de producir suficientes alimentos para una creciente población considerando las presiones demográficas y económicas comentadas anteriormente.

La respuesta: sí, pero los sistemas agroalimentarios tendrán que cambiar.

Para mejorar la productividad de los sistemas agroalimentarios de manera sustentable y así poder cubrir la creciente y cambiante demanda por alimentos, es necesario una inversión importante en infraestructura productiva y sobre todo en investigación y desarrollo en el sector, particularmente en países en desarrollo y en transición.

Esto, para promover la adopción de tecnologías y prácticas productivas sustentables adaptadas a las condiciones particulares de cada región, como son los sistemas agroforestales, manejo pesquero integral, esquemas de agricultura climáticamente inteligente o proyectos agrícolas y pecuarios integrados, entre otros.

Así, las mejoras tecnológicas acompañadas de una reducción en la utilización de combustibles fósiles pueden ayudar a disminuir los efectos del cambio climático y sus potenciales impactos en la actividad.

Paralelamente, serán necesarias políticas que reduzcan las inequidades en ingreso y en oportunidades sobre todo en la población más vulnerable; estrategias para asegurar que la inversión productiva en el sector y los beneficios de la integración y coordinación vertical lleguen a los productores más pequeños que se encuentran más expuestos a los riesgos externos y asociados a la actividad.

Estas estrategias deberán acompañarse de programas de protección social que permitan mitigar el impacto de corto plazo de los riesgos climáticos, sociales y económicos a los que los productores más pequeños se enfrentan.

En este sentido, el diseño de políticas públicas inteligentes y la presencia de instituciones eficientes y dinámicas que capturen las diferentes dimensiones involucradas en un desarrollo sustentable son condiciones fundamentales para lograr este cambio de paradigma.

En nuestro país, FIRA, como parte de la banca de desarrollo que coordina la SHCP, tiene la misión de promover el desarrollo económico y social del sector agroalimentario nacional; su éxito en 62 años de historia se explica por el entendimiento integral que tiene del sector y su desarrollo.

A través de estrategias y programas innovadores, como los Programas de Eficiencia Energética o de Desarrollo de Proveedores, FIRA atiende al sector con una óptica integral y sustentable.

Para potencializar el desarrollo económico y social de las personas en situación de hambre y pobreza en nuestro país y en el mundo, la actividad agrícola deberá orientarse hacia un cambio de paradigma, donde la sostenibilidad, inclusión y resiliencia sean las bases. Hay mucho trabajo por hacer.

*José Renato Navarrete Pérez es subdirector Técnico y de Redes de Valor. La opinión aquí expresada es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA .

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