Buen caminar, sin huellas .

Chou Lao

El puerto de Houston ha iniciado trabajos importantes de ampliación. En el 2014 se realizará la primera etapa y la segunda en el 2015. Tres hechos fundamentales motivan estas obras: la ampliación del Canal de Panamá que se prevé estará terminada en el 2015 y elevará considerablemente los flujos comerciales en la zona; la reforma energética mexicana, que marcaría una etapa cualitativamente nueva de intercambio de productos petrolíferos entre México y Estados Unidos; y, finalmente, las expectativas de una etapa larga de crecimiento de la economía estadounidense.

Estos hechos convergen en una visión que comienza a materializarse en el país vecino, la cual tendría que delinearse ya en sus vertientes concretas: la de una América del Norte cada vez más integrada, competitiva de manera singular en los mercados globales y que se pone a la cabeza de una civilización virtual inédita que, aun en medio de graves contradicciones, habría de liberar grandes fuerzas de universalización.

Lo anterior no es una ocurrencia. Los europeos piensan cada vez más en esto; lo ven como un destino o como una posibilidad. Los intelectuales, quizá, se arriesgan más. Entre el 2000 y el 2004, Jacques Derrida en Francia y en sus numerosos periplos internacionales repetía de distintas maneras que la globalización, en su punta más afilada, se convertía en la cuestión Estados Unidos .

Peter Sloterdijk, en la perspectiva de lo post, menciona el pensamiento de lo no redondo, teorías del caos y de la fractalidad; ciencias de la vida, procesos virtuales de producción y, agrega, la desaparición de la vieja Europa . En el 2002, en un simposio donde se reunieron europeos y estadounidenses de diversas posiciones, el francés Étienne Balibar un posmarxista lo clausuraba con una pregunta: ¿Qué potencia Europa?

Para sociedades, gobiernos, inversionistas y empresarios, la nueva Europa será la del Tratado de Libre Comercio del Atlántico con Estados Unidos, la del relanzamiento de las políticas de investigación científica y la de las aportaciones del espíritu europeo a la civilización que viene.

Aquí tres cosas se pueden empezar a hacer: ampliar la infraestructura; rediseñar los ciclos educativos para que sostengan y estimulen la innovación y la creatividad; y ejercitarse en interrogar problemas y conflictos de otro modo, en pensar de otro modo y en comenzar a hacer las cosas de otro modo. Esto último, sabiendo que la vieja manera de preguntar mete zancadillas al paso a dar hacia la democracia y justicia por venir.