Hace algunos años, los actores o directores que fracasaban en Hollywood veían desfilar sus carreras hacia un medio que se consideraba el panteón de aquellos que no lo lograban en la cartelera: la TV.

La entrega de los Oscares y la entrega de los Emmys eran muy distintas. Empezar a actuar en televisión era como bajar a la segunda división. Algunos se lo permitían en miniseries de cable, o películas para HBO, pero no dejaba de ser un medio de consolación.

Eso, por supuesto, cambió. En esta edad de oro de la televisión (que si somos estrictos ya no es lo que antes llamábamos televisión), el medio sufrió una mutación con las oportunidades creativas que ofrecen los canales de streaming y cable. Más que una guerra de ratings en busca de publicidad, la nueva televisión quiere suscriptores. La regla del juego cambió en busca contenidos para atrapar la atención de una audiencia agobiada por la sobreoferta y las distracciones.

Del otro lado de la moneda, la televisión moderna ofrece una oportunidad de desarrollo creativo, de narración de historias, de profundización en los temas y personajes, que el cine, por razones de tiempo y presupuesto, nunca tuvo.

Los primeros en descubrir eso, quizá, fueron los de Masterpiece Theater, esa producción británica que se dedicó desde hace muchos años a realizar miniseries adaptando biografías y novelas clásicas de la literatura inglesa.

Para los actores y directores de hoy, esta nueva televisión es la oportunidad para desarrollar proyectos personales, o para adaptar literatura con una visión creativa con mayor latitud que el cine, donde la taquilla manda y donde un error de cálculo implica pérdidas de millones.

Un ejemplo de esto lo tuvimos el año pasado, con la extraordinaria adaptación de The Night Manager de John Le Carré, a cargo de Susanne Bier, directora danesa surgida del movimiento Dogma.

Otro ejemplo fue en la miniserie australiana Top of the lake, escrita, producida y dirigida por la directora neozelandesa Jane Campion. En un mundo penosamente sexista como es el del espectáculo (quien lo dude que siga las noticias de las últimas semanas), Campion fue la cuarta mujer en ser nominada al Oscar de Dirección, y también la única (a la fecha) en haber ganado la Palma de Oro en Cannes.

El cine de Campion se ha caracterizado por personajes femeninos fuertes, dramas complejos y provocadores que revuelven alrededor de un mundo emocional, a veces onírico, donde las cosas no son lo que aparentan, ni necesariamente las que se pueden expresar con palabras.

Top of the Lake (2013) seguía la historia de Robin Griffin (Elizabeth Moss) una detective australiana especializada en asalto sexual, investigando la desaparición de una adolescente embarazada desaparecida en el poblado de Laketop, en la región montañosa de Nueva Zelanda.

La investigación se ve complicada por el pasado de Griffin, una atmósfera misógina, corrupción, crisis y acoso adolescente, y por el conflicto entre el cacique local (Peter Mullan) y una nueva comuna de mujeres liderada por una líder espiritual bastante peculiar (Holly Hunter).

La serie fue escrita por Campion y Gerard Lee y dirigida por ella y Garth Davis. Top of the Lake fue estrenada en el festival de Sundance como una proyección de siete horas con un intermedio. Nominada a una docena de premios locales e internacionales, y parecía haber concluido la historia de Griffin.

La propia Campion había declarado en 2013 que la historia terminaba ahí. Sin embargo, un año más tarde, la miniserie dejó de serlo y fue renovada para una segunda entrega.

Casi el mismo equipo quedó a cargo. Campion y Lee de los guiones, y Campion, esta vez junto a Ariel Kleinman en la dirección. Al elenco se sumó Nicole Kidman (quien trabajó con Campion en 1996 con Retrato de una dama).

La segunda temporada transcurre en Sidney, y retoma a Griffin, de vuelta a la policía australiana, afectada por las secuelas de la primera investigación.

Aunque retoma personajes y de alguna manera conecta arcos narrativos con la primera Top of the Lake (particularmente los relacionados con la protagonista), en realidad no es una secuela, por lo menos no en el sentido que acostumbramos ver.

Más que continuar la historia de la primera, nos plantea un escenario distinto con un personaje en común. Ambas, sin embargo, son policíacas, perturbadoras, inquietantes y transcurren en ambientes asfixiantes de machismo y duplicidad moral.

Como en buena parte de la obra de Campion, la propuesta es profundamente emocional. Más interesada en plantear preguntas al espectador que en responderlas.

Top of the Lake: China Girl fue estrenada en el pasado Festival de Cannes, donde se proyectó completa, y ya está disponible en algunas partes del mundo vía streaming.

Twitter @rgarciamainou

 

Ricardo García Mainou

Escritor

Las horas perdidas

Estudió Ciencias de la Comunicación con especialidad en Radio y Televisión Educativa en la Universidad de las Américas Puebla.

Ha escrito, editado, traducido y diseñado para diversas publicaciones literarias, periodísticas y especializadas: locales y nacionales (Libros de México, Revuelta, De viaje, Cinéfila, La masacre de Cholula, etc.).