Nuevamente se escuchan voces hiperbolizando la capacidad de las tecnologías. Súbitamente el enclaustramiento obligatorio al que muchos nos hemos visto forzados durante los pasados días o semanas tiene un impacto menor que en otros tiempos. En esta ocasión no hay excusas y la disrupción en tareas laborales o pedagógicas simplemente no será posible.

Dos grandes fuerzas, teletrabajo y teleducación, aparecen como herramientas que permitirán cierta normalidad mientras se logra controlar la difusión de la pandemia. Aunque hay algo de veracidad en esta visión de la realidad, la misma no deja de ser simplista y peca de ignorar el impacto de las numerosas brechas digitales presentes en el país.

Consideremos el impacto y alcance del teletrabajo. Por definición, esta actividad solo puede ser ejercida por quienes dependen de una computadora para trabajar y poder cumplir con todas sus tareas laborales sin ningún problema. ¿Cuántos de los empleados tienen en su hogar un computador que posee todos los programas que se precisan para completar el trabajo que históricamente se hacia en la oficina? ¿Cuántos de estos computadores van a tener acceso a los archivos de su empleador por medio de una red privada virtual (VPN)? 

Quienes trabajan en tareas manuales no pueden beneficiarse del teletrabajo, por ejemplo, los 11.8 millones de personas que trabajan como jornaleros según la “Encuesta Nacional Agropecuaria” efectuada en 2017 por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Asimismo, según datos de la “Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE)” datos a conocer en 2013 por el INEGI los albañiles representan el 4.8% de la población empleadas de México.

Si mudamos el foco a la teleeducación la pregunta inicial sería ¿cuántos de los docentes de primaria/secundaria o profesores universitarios han tomado cursos de pedagogía que les indiquen las diferencias en enseñar en un ambiente presencial versus la transmisión de información en un entorno virtual? Luego continuaríamos con ¿cuántos han sido capacitados en el uso de plataformas educativas como Moodle o Blackboard y como han adaptado el material a ser impartido en el salón de clase al curso en línea?

Luego tenemos el impacto que pueda tener tanto el teletrabajo como la teleeducación en los individuos que comienzan a utilizar estas alternativas. Por ejemplo, en lo relacionado a teleeducación si nos enfocamos en los estudiantes el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey ha identificado ocho etapas que tienen que enfrentar quienes acceden a un aula virtual:  conflicto, negatividad, miedo, resistencia, desánimo, búsqueda de oportunidades, confianza y, por último, integración y éxito. ¿Están preparados los educadores para acompañar a sus estudiantes en cada una de estas fases?

Obviamente cuando hablamos del impacto y beneficios del teletrabajo o la teleeducación inferimos que estamos hablando de hogares que poseen una conexión a Internet de alta velocidad. Si nos fijamos nuevamente en cifras del INEGI observamos que en 2019 apenas el 56.4% de los hogares del país contaba con una conexión a Internet (números agregados que incluye todas las velocidades disponibles) y apenas un 44.3% de los hogares contaba con un computador. Sin pensar en las diferencias al momento de trabajar o acceder a material pedagógico con una conexión de 10 Mbps versus alguien que se conecta a 1 Gbps.

Luego si recordamos temas un poco más cotidianos, ¿qué sucede cuando en un hogar con un solo computador las necesidades de teletrabajo y teleeducación crean un conflicto entre las personas que viven bajo el mismo techo? No se puede ignorar la equidad al acceso a Internet que puede existir en el lugar de trabajo o entidad educativa se pierde una vez las personas se alejan de estas localidades. No todos los estudiantes o empleados tienen en su casa la misma cantidad de computadores o tipo de conexión a Internet.

El teletrabajo y la teleeducación son dos importantes herramientas que flexibilizan la ejecución de labores específicas. Sin embargo, es relevante estar conscientes que sus beneficiados constituyen una minoría de la población. Por esta razón es imperativo que cualquier plan de conectividad nacional incluya medidas para educar sobre los beneficios y oportunidades que el teletrabajo y la teleeducación ofrecen a la población. No hacerlo es mantener un status quo donde los mas privilegiados son los principales beneficiarios de las tecnologías de información y comunicaciones (TIC).

José F. Otero

TIC y Desarrollo

José F. Otero tiene más de 20 años de experiencia en el sector de las TIC. Esta columna es a título personal.