Creo que México ya cansó con sus indefiniciones y mensajes contradictorios al director general de la Organización Mundial de la Salud, el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus y tiene toda la razón. ¡Ya basta!

Seguramente este médico, ex Ministro de Relaciones exteriores, ex Ministro de Salud de Etiopía, doctorado en salud comunitaria y reconocido mundialmente como experto en VIH/Sida, paludismo, tuberculosis y malaria, se desesperó con el Dr. López Gatell que le llenó en ocho meses, el higado de piedritas.

Y es que el Dr. Ghebreyesus si sabe de lo que está hablando. El consiguió la gran reestructuración del sistema de salud de su país, un logro muy importante por haberlo llevado a cabo con recursos verdaderamente limitados. Tedros consiguió que su país en el continente africano, invirtiera en infraestructura sanitaria, mejorara las condiciones del personal hospitalario y especialmente, puso en marcha con inteligencia e imaginación un mecanismo innovador de financiamento para mejorar sustancialmente los servicios de salud. O sea, el director de la OMS sabe de lo que está hablando, conoce de primera mano la adversidsd y la escasez y no lo pueden cuentear con discursos cantinflescos.

107 mil 565 muertes y un millón 133 mil 613 de casos de coronavirus son datos duros que nos hablan de como esta administración no se ha tomado en serio la pandemia y bien hizo la OMS en llamarle la atención.

Queremos pedir a México—dijo el jefe de la organización sanitaria—que se tome la pandemia como algo muy serio. Y especificó que se pide a los mandatarios del mundo que prediquen con el ejemplo, que piensen en la ciudadania y usen el cubrebocas.

Ayer mismo y ante todas estas recomendaciones provenientes de un organismo de importancia mundial, el presidente dijo que el uso del cubrebocas no es imprescindible y que tanto el secretario de salud como el subsecretario le habían comentado que lo importante era la sana distancia y “cuidarnos” cualquier cosa que eso sea.

No le demos más vueltas, el primer mandatario no va a usar cubrebocas, ni por su cuidado personal, ni por cuidar a los demás.  Supongo que esta negativa es una cuestión ideológica o que tiene que ver con sus principios, cualquiera que estos sean.

La sra. Sheinbaum, entre la espada y el cubrebocas, al menos lo usa… pero se niega a tomar una medida “autoritaria” dice, como sería hacer obligatorio el uso de esta protección. ¿Acaso no es autoritaria la ley seca impuesta en diversas zonas de la ciudad? ¿O el prohibir pasarse los altos? ¿Cuantas medidas se tienen que acatar para vivir en sociedad, respetar a todos y no contagiar al prójimo?

Psicológicamente hablando creo que para Trump, Bolsonaro y el presidente de México, el cubrebocas tiene un significado profundo, quiza relacionado con la prepotencia, el poder o la masculinidad. Lástima que nunca me ha gustado la psicología barata de café, pero de que ahí hay algo…pues sí.

En fin, al borde nuevamente del semáforo rojo y frente al dolor de tantas familias que han perdido a alguno de sus miembros no me queda más que hacer un llamado a la razón. Usemos el cubrebocas, salgamos solo lo indispensable. El Dr. Tedros tiene la razón, tomemos estas medidas en serio, es un asunto de vida o muerte y estamos solos.  

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Tere Vale

Psicóloga

Columna invitada

Psicóloga, conductora, escritora, comentarista de Grupo Fórmula.

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