La cosecha de los cultivos es la etapa más apreciada por los agricultores, ya que es cuando van a recibir el pago del arduo trabajo del campo. Sin embargo, a veces por la falta de tecnologías, no se obtiene la calidad o la oportunidad en la recolección, provocando pérdidas a los productores del campo.

La modernización de la agricultura ha traído muchas mejoras, principalmente las tecnologías de recolección.

Así, a finales de la década de los 70, cuando se importaron las primeras cosechadoras mecánicas de algodón, mejoró con mucho la rentabilidad del cultivo. Después, en la búsqueda de nuevas tecnologías, se diseñaron las cosechadoras de papa, de frijol y las modernas combinadas para trillar granos, que actualmente están dotadas de geoposicionadores satelitales (GPS por su sigla en inglés) y de escáneres que registran los niveles de nutrientes del suelo, cuyos datos se pueden utilizar para fertilizar de manera diferenciada, en el siguiente ciclo de siembra (haciendo más eficiente su aplicación).

En el cultivo de alfalfa, el sistema de recolección contempla un proceso de henificación, que incluye su corte en verde, el alomillado, volteado con rastrillo y el empacado, el cual dura de cuatro a seis días. El riesgo latente es la presencia de lluvias en este periodo, ya que se demerita la calidad del forraje o provocan su pérdida total por manchado y pudrición. El daño puede ascender a 4,800 pesos por hectárea por corte.

Normalmente, se dan nueve a 10 cortes por año, teniendo pérdidas de uno a tres cortes en época de lluvias. Las nuevas máquinas que han salido al mercado están revolucionando el negocio de la alfalfa.

Los rastrillos disminuyen el deshojado al momento de voltear el forraje. Las segadoras-acondicionadoras, disminuyen el tiempo de henificación. Así, se exprimen las hojas y tallos después del corte y al siguiente día se puede empacar la alfalfa.

Lo más moderno es el ensilaje de la alfalfa. La tecnología de punta empaca al alto vacío en paquetes que pueden durar hasta dos años en almacén sin perder propiedades organolépticas, ni calidad proteica del forraje.

Con esta nueva tecnología se benefician tanto el productor como el ganadero, el primero porque reduce pérdidas y el segundo porque aprovecha al máximo la calidad del forraje para incrementar la productividad de su ganado. En resumen, es un proyecto de inversión que lecheros y productores deben considerar.

*Esteban Michel Ramírez es jefe de Departamento del CDT Villadiego de FIRA. La opinión es responsabilidad del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA. [email protected]