Recientemente hemos presenciado un intenso debate, tanto en México como en muchos otros países, acerca de las aplicación móvil que ofrecen servicios de automóvil con conductor, como es el caso de Uber, Gett o Lyft. Este debate ha provocado apasionados argumentos, tanto a favor como en contra de que se permita operar a este tipo de empresas. Ofrezco aquí algunos argumentos desde el punto de vista económico.

Hay quienes creen que una de las ventajas de que sólo haya un servicio de taxis regulado por el gobierno -el servicio tradicional- es que existan tarifas únicas y que, por tanto, no se abuse de los consumidores. Estoy en desacuerdo.

Una de las ventajas principales que ofrece una app como la de Uber es precisamente que permite que los precios se ajusten de acuerdo con las condiciones del mercado. Hay que recordar el papel que juegan los precios en mercados que funcionan con eficacia. Si hay escasez de algún bien, el precio sube, lo cual genera incentivos a los productores para aumentar la oferta del mismo y quizá a los consumidores a demandar menos o a adquirir algún bien sustituto. Así, en muchas circunstancias -en aquellas en que no existen fallos de mercado-, los precios transmiten información que permite a los mercados funcionar de manera más eficiente.

De esta forma, cuando hay mayor demanda que oferta de vehículos, por ejemplo cuando hay fiestas como las de Año Nuevo o cuando llueve, las aplicaciones de Uber o de sus competidores permite que las tarifas aumenten reflejando esta situación. Las mayores tarifas se traducen, de una forma rápida, en que más conductores salgan a trabajar cuando hay escasez de autos, logrando así una mayor eficiencia.

La tecnología ofrece a este mercado una manera ordenada de ajustarse con velocidad. Es un gran ejemplo de cómo la tecnología puede ayudar a que los mercados sean más eficientes y que los precios actúen como mecanismos de información y de generación de incentivos adecuados. Además, no se abusa de los consumidores, ya que la herramienta avisa con toda claridad cuáles son las tarifas y cuánto más caras son con respecto a las normales con antelación a la contratación del servicio. El consumidor está en plena libertad de elegir si lo contrata o no.

Hay quien argumenta que los servicios que ofrecen empresas como Uber o Lyft son en realidad taxis piratas. Tampoco coincido con esta aseveración. Hay una distinción fundamental. Un taxi pirata es uno que se hace pasar por un taxi regulado: está pintado de la misma forma, tiene un taxímetro aunque éste esté alterado, etcétera. Uber y sus competidores en ningún momento pretenden parecer taxis regulados. No tratan de engañar diciendo que se ajustan a las tarifas y regulaciones que fija el gobierno. Ofrecen un servicio distinto y el consumidor es libre de usarlo. Si prefiere usar un taxi que cumpla con las regulaciones gubernamentales puede hacerlo. En lugar de regulación, lo que Uber pone en la mesa es su reputación. Si comienza a ofrecer servicios de mala calidad los usuarios dejarán de contratarlo.

Otra ventaja de estos servicios es de carácter fiscal, ya que todas las transacciones se hacen de manera electrónica, se puede monitorear los ingresos que se obtienen, haciendo así más difícil la evasión fiscal. Mientras más transacciones en nuestra economía se hagan de manera electrónica se logrará reducir tanto la evasión fiscal como el crimen.

Hoy, en muchas ciudades del mundo, la regulación de taxis parece ser una barrera de entrada que limita la competencia y, por tanto, afecta a los consumidores.

Desde una perspectiva económica, lo óptimo sería que existieran, además de los taxis convencionales, servicios como los de Uber, Gett o Lyft y sus competidores, más los que puedan venir en el futuro. Mientras los consumidores tengan más opciones estarán mejor y podrán elegir la opción que más les convenga. Los argumentos que buscan limitar las opciones de los consumidores más bien parecen tratar de proteger los intereses de los oferentes ya establecidos.

* Economista en jefe de BBVA Bancomer.