Hoy se alcanzó el límite máximo de deuda pública que tiene autorizado el gobierno de Estados Unidos, de 14.3 billones de dólares (trillion, en inglés), lo que requiere de la autorización del Congreso para ampliarse o, en su defecto, el país más poderoso del mundo caería en lo impensable: dejar de pagar sus obligaciones financieras.

El Tesoro de EU usa un lenguaje apocalíptico para intentar persuadir a los legisladores: Fracasar en aumentar el techo de la deuda tendría consecuencias económicas catastróficas. Causaría el default de las obligaciones legales del gobierno -una situación sin precedente en la historia de EU-. Precipitaría una nueva crisis financiera y amenazaría los ahorros y las fuentes de trabajo de sus habitantes... .

Es útil preguntar qué tan cierta es esta amenaza, dado que los mercados de deuda de EU no han reaccionado con pánico ni al calendario ni a las advertencias del Tesoro ni ante la actitud de los legisladores de oposición al gobierno que pretenden condicionar la ampliación del límite al recorte de billones en el gasto público.

En primer lugar, el propio secretario del Tesoro de EU, Tim Geithner, ha diluido la urgencia de su amenaza declarando que la entidad a su cargo tenía la posibilidad de realizar diversas maniobras financieras y contables que le permitirían alargar el plazo para ampliar el límite de la deuda hasta principios de agosto.

Ello permite, por una parte, proceder con las negociaciones que se están realizando entre el Ejecutivo y el Congreso para resolver los recortes al gasto, pero por la otra, le quita apremio a la necesidad imperiosa de alcanzar acuerdos hasta que se acerque la nueva, y ahora sí, impostergable fecha límite.

Ésta no es la primera vez que se pospone ampliar el techo del débito gubernamental, pues ello ocurrió también por tres meses, en 1985 y en el 2002, y al igual que hoy en esas ocasiones el proceso de negociación que llevó al necesario aumento conllevó concesiones importantes en materia de gasto.

El límite legal al endeudamiento federal lo adoptó por primera vez el Congreso hace casi un siglo, pues con motivo del ingreso de EU a la Primera Guerra Mundial la administración de Woodrow Wilson (1913-21) hizo una emisión de bonos de largo plazo bautizados Libertad para financiar sus actividades bélicas.

Con motivo del siguiente gran conflicto militar en el que se involucró EU, la Segunda Guerra Mundial, se modificó el mecanismo de autorización legislativa y se otorgó un permiso genérico y no por categoría de pasivos, como había ocurrido en 1917, lo que tenía el propósito de dar mayor flexibilidad al Tesoro para emitir el tipo de deuda y en los plazos que resultaran más económicos y con los menores riesgos.

El Congreso incrementó el límite del endeudamiento cada año desde el ingreso de EU a esa guerra, hasta alcanzar el de 300,000 millones de dólares en 1945. Este techo habría de durar hasta 1962 y fue inclusive objeto de varias reducciones, lo que muestra que aumentos apreciables de la deuda de EU solían siempre estar ligados a conflictos bélicos y tan pronto estos terminaban, se reducía su monto.

Todo ello cambió a partir de la Gran Sociedad del Presidente Lyndon Johnson (1963-68), amplio programa de bienestar social que incluía cobertura médica gratuita para los ancianos y subsidiada para el resto de la población, pues buena parte de estos nuevos compromisos financieros del gobierno se sustentaron en mayor deuda.

Así, desde 1962 el techo de los pasivos públicos se incrementó 74 veces, aunque en el periodo 1998-2001 y gracias a los compromisos alcanzados por el Presidente Bill Clinton (1993-2001) con un Congreso controlado por la oposición Republicana, se consiguieron importante superávit públicos que redujeron el monto de la deuda.

Lamentablemente, esta saludable situación financiera no habría de durar, pues en la administración de George W. Bush (2001-2009) se iniciaron dos costosas guerras, se emprendieron gravosos nuevos programas sociales y se redujeron los impuestos, todo lo cual redundó en un acelerado aumento del endeudamiento gubernamental.

Así, entre los gobiernos de Bush y Barack Obama en la última década la deuda federal de EU se incrementó en 156% y hoy se ubica en términos brutos en casi 100% del PIB, aunque la que está en poder del público anda sólo en 65 por ciento-. Ahora, el Tesoro pide un aumento de 2 billones, lo que alcanzaría hasta después de la elección presidencial del 2012 sin necesidad de solicitar más ampliaciones.

Ya veremos cómo se resuelve este asunto que dará mucho de qué hablar en los tres meses por venir.