Una tasa muy baja genera un uso intensivo del dinero ?y eso presiona los precios. Un tipo de interés alto invita ?a buscar la multiplicación de los recursos.

Al final lo que todos los días ocurre en los mercados financieros es un juego, una apuesta donde el objetivo es lograr adelantarse a todos los demás para que en la baja o alza de algún precio haya alguna ganancia.

En el mercado petrolero, por ejemplo, alguien produce petróleo a determinado costo, otro requiere ese hidrocarburo y busca comprarlo, y en medio hay diferentes factores que determinan su costo. La oferta y la demanda, por supuesto, pero también toda una serie de combinaciones del comportamiento futuro de esa oferta y esa demanda.

Los mercados bursátiles son enormes casinos con ruletas dando vueltas no sólo en torno de los resultados financieros que tienen que reportar las empresas que cotizan, sino a los más diversos factores que a la vista de los inversionistas y sus operadores pueden alterar el desempeño de una empresa, sector o país.

Las elecciones son una apuesta a ganar el poder a través de convencer al mayor número de votantes. Son también literalmente una apuesta en la que hoy, por ejemplo en Intrade, el candidato priísta tiene 89% de posibilidades de ganar las elecciones.

Se cruzan hoy apuestas de prácticamente todo. Por ejemplo hay retas sobre quién ganará: Monarcas, Tigres o el IFE. En fin, sobran las variables donde interviene la probabilidad.

Por eso es que en el mundo financiero hacen falta instituciones que den la mayor cantidad de certezas posibles.

Los criterios económicos que fija la Secretaría de Hacienda y que avala el Congreso son una forma de dar certeza a la planeación económica del año siguiente. Cuando los cálculos son contrarios al sentir de los expertos en economía, generan desconfianza y desatan ese juego de la especulación.

Pero cuando los cálculos logran el consenso, como por ejemplo los pronósticos de este año, se convierten en una guía a seguir.

Otra institución que vive de generar certezas es el Banco de México. El principal activo del banco central no es su fábrica de bonitos billetes y monedas, sino la confianza que pueden generar con sus decisiones de política monetaria.

De esa certeza que puedan generar depende que el papel moneda de 500 pesos conserve el mayor tiempo posible su poder de compra.

Si la política monetaria fuera una presa, las principales compuertas serían las tasas de interés. Claro que existen otras esclusas que se pueden manipular para lograr el efecto, pero lo que han presentado como la herramienta ideal es el costo del dinero para conseguir un objetivo inflacionario.

Una tasa muy baja, genera un uso intensivo del dinero y eso presiona los precios. Un tipo de interés exageradamente alto invita a buscar la multiplicación de los recursos, pasando por encima del consumo y la inversión productiva y con ello se paraliza la economía.

El arte del Banco de México está en lograr ese punto exacto en el que la inflación se mantenga baja y la economía en crecimiento de la mano de muchas otras políticas públicas.

Lo que pasó en las semanas anteriores es que el mercado se organizó una competencia entre el control inflacionario y el fomento a la economía, con la tasa de interés como la rata en el laberinto.

Unos apostaban a que la tasa bajaría para forzar el uso de más dinero, otros pensaron que la tasa se quedaría igual para no arriesgar los precios. Realmente nadie pensaba en la posibilidad de un aumento en el precio del dinero.

Los competidores le vieron tantas posibilidades a la baja en las tasas de interés que en el juego de la especulación involucraron a la moneda mexicana y el peso empezó a perder terreno ante la posibilidad de que otorgara rendimientos menores.

En el mundo España, Argentina, China, el petróleo y demás metían presiones al mundo de las apuestas de los mercados. Acá en México, Walmart, las elecciones y la posibilidad de relajamiento de la política monetaria le agregaban más nerviosismo a los mercados.

Así hasta que llegó el día en que el Banco de México dijo no. Las tasas no se moverían. Pero entonces dejó la puerta abierta para que en un futuro se pudiera mover hacia abajo el costo del dinero.

Esto nos garantiza que cercana la fecha a la siguiente reunión y dependiendo de la lectura de la inflación y el comportamiento económico se puedan alinear los datos para un nuevo juego de la especulación de los mercados.

[email protected]