Durante las últimas semanas hemos sido testigos de un ajuste importante en el mercado de bonos del Tesoro de largo plazo en Estados Unidos.

En prácticamente dos meses, el rendimiento del bono del Tesoro de 10 años pasó de un mínimo de 1.7%, alcanzado en octubre y casi retomado tan recientemente como a mediados de febrero, a casi 2.3 por ciento. Es importante recordar que la tasa que pagan los bonos es inversamente proporcional a su precio, por lo que un aumento en su tasa de interés de 1.8 a 2.3% implica una caída en el valor del bono de casi 22 por ciento.

La caída en el valor de los bonos del tesoro de largo plazo se debe principalmente a tres factores: i) los niveles de aversión al riesgo a nivel global han disminuido considerablemente en los últimos meses, revirtiendo parcialmente el famoso flight to quality, lo cual implica una salida de recursos que estaban invertidos en bonos del Tesoro a activos más riesgosos, como acciones y bonos de menor calidad crediticia; ii) los inversionistas tienen una mejor percepción del crecimiento económico y la evolución del empleo en el mediano plazo y anticipan que la Fed podría comenzar a normalizar su política monetaria antes de lo esperado hace un par de meses; iii) el aumento en los precios del petróleo amenaza con acelerarse, produciendo un escenario de mayor inflación en el mediano plazo. A pesar del alza en el rendimiento en los bonos del Tesoro a 10 años, el nivel de tasa es aún muy inferior a 3.6% que se observaba hace una año. La fuerte tendencia anual a la baja se debe en gran medida a las enormes cantidades de recursos que la Fed está destinando a la compra de bonos de largo plazo en el mercado con el objetivo de mantener las tasas de interés de largo plazo en un nivel bajo.

Desde el principio de la crisis del 2008-09, la preocupación principal de la Fed ha sido la posibilidad de entrar a un entorno de deflación y, por lo tanto, la política monetaria ha estado enfocada en inyectar liquidez en la economía y prevenir este escenario.

Estas inyecciones han contribuido de manera importante a la alza que hemos observado en los precios de las acciones durante los últimos seis meses, contribuyendo a una reparación más rápida del balance patrimonial de los consumidores –no olvidemos que el patrimonio de la mayoría de los estadounidenses está compuesto por su vivienda y su fondo de retiro en el que casi siempre hay un componente importante de acciones y bonos del Tesoro.

Asimismo, las medidas de la Fed también buscan estimular la inversión del sector empresarial y la expansión de la planta laboral. Sin duda, el experimento es poco ortodoxo pero hasta ahora parece estar funcionando.

No obstante, de manera similar a lo sucedido en el primer trimestre del año pasado, las cifras de inflación más recientes denotan tendencias a la alza en el comportamiento de algunos precios; principalmente, la gasolina y aquellos bienes ligados al consumo de combustible.

Este repunte se está dando en un entorno de crecimiento económico alentador en el que la recuperación parece estar ganando mayor tracción y por primera vez desde la crisis, el empleo y el consumo están mostrando una tendencia positiva que parece autosostenible.

La combinación de un entorno económico favorable y una creciente presión en los precios por el alza en el petróleo y las gasolinas ha llevado a algunos observadores a especular sobre un posible retiro de los estímulos monetarios antes de lo esperado. El debate ha alcanzado el seno de la Fed, cuyos miembros han comenzado a cuestionar la decisión de mantener las tasas en el nivel actual hasta el 2014.

Sin embargo, Ben Bernanke, presidente de la Fed, parece estar convencido de que sería prematuro hablar de retirar estímulos monetarios a pesar de las recientes señales de mejoría en la economía. En una reciente intervención, Bernanke enfatizó que los avances en materia de empleo son aún frágiles y que la economía estadounidense necesita crecer a un mayor ritmo para lograr una tendencia más pronunciada en la reducción del desempleo.

El mercado ha interpretado estos comentarios de Bernanke como una señal clara de que la Fed mantendrá los estímulos y que en todo caso estaría más dispuesta a renovar los programas de inyecciones de liquidez. Como buen estudioso de la Gran Depresión, Bernanke sabe que, ante las limitaciones de la política fiscal en año electoral, la política monetaria es la principal herramienta para asegurar que la recuperación sea duradera.