“Will more education increase economic growth in Mexico?”. Éste es el título del artículo que Santiago Levy publicó la semana pasada en la revista del Brookings Institution. En su estudio se plantea la pregunta: ¿Por qué el mercado no está premiando cada vez más (en términos de ingreso laboral) el mayor nivel educativo de la población? La evidencia que presenta es reveladora: para todos los niveles de educación (desde primaria completa hasta estudios universitarios) el diferencial salarial respecto de aquellos individuos con educación primaria incompleta se ha reducido en los últimos años. La respuesta que ofrece a esta pregunta es que la rentabilidad privada de la acumulación de capital humano (el ingreso laboral) relativa a personas sin educación formal ha caído por la estructura prevaleciente por el lado de la demanda de servicios laborales; es decir, por el lado de las empresas.

En México tenemos una estructura de producción caracterizada por un enorme número de muy pequeñas y pequeñas unidades que no demandan los servicios laborales de personas con relativamente elevados niveles de educación. De acuerdo con el Censo Económico del 2014, elaborado por el Inegi, de un total de 4.23 millones de unidades productivas, 95.4% de éstas tenía hasta 10 empleados (65% con hasta dos empleados), 3.6% entre 11 y 50 empleados, 0.8% entre 51 y 250 empleados y 0.2% más de 251 trabajadores.

Muy pequeñas unidades de producción, con muy pocos trabajadores, son además muy poco productivas al no poder generar economías a escala y utilizar tecnología de producción rudimentaria y generalmente obsoleta. Con esta estructura de unidades de producción es obvio que la demanda de trabajadores con “relativamente” elevados niveles de escolaridad es muy baja lo que se refleja, en consecuencia, en el premio salarial a la educación. Más aún, dado que la estructura por el lado de la demanda (medido por el número de empleados) no ha cambiado a medida que ha aumentado el nivel de escolaridad de la población, este premio ha caído.

La pregunta relevante sería: ¿Por qué las empresas no crecen? Aunque es un fenómeno que involucra muchos factores, son dos los que destacan. Primero, la excesiva e ineficiente regulación de los mercados que imponen altas barreras de entrada de nuevas empresas e inhiben su expansión. Múltiples permisos y licencias que hay que tramitar en los tres niveles de gobierno, con procesos notoriamente engorrosos, caros y plagados de corrupción obviamente desincentivan la creación y el crecimiento de las empresas y del empleo.

El segundo es el sistema de seguridad social. Las cuotas patronales al IMSS (más las aportaciones al Infonavit y al SAR) son efectivamente un impuesto implícito al empleo formal, lo que se agrava aún más con el subsidio implícito a la informalidad que representa el Seguro Popular. Dado esto, muchas empresas no crecen para evadir los pagos correspondientes a la seguridad social (e impuestos). La evidencia al respecto es contundente: 56% de la fuerza laboral trabaja en la informalidad.

Aumentar la rentabilidad de la educación es crucial, ya que entre mayor sea ésta, mayor será también el incentivo a permanecer más años en el sistema escolar. Más aún, la acumulación de capital humano formal genera significativas externalidades positivas, lo que hace que la rentabilidad social de la educación (hasta la educación media superior) sea mayor a la rentabilidad privada. De ahí que sea imperativo reducir significativamente los costos a la creación y crecimiento de las empresas, desregulando y transitando hacia un sistema de seguridad social universal para que el mayor capital humano de la población se traduzca en mayor crecimiento económico.

Isaac Katz

Economista y profesor

Punto de vista

Profesor de Economía, ITAM. Caballero de la Orden Nacional del Mérito de la República Francesa. Medalla al Mérito Profesional, Ex-ITAM.