El principal objetivo del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) fue aprovechar las ventajas comparativas de México, Estados Unidos y Canadá, para complementar sus economías y competir exitosamente con otros bloques económicos como la Unión Europea, la Cuenca del Pacífico y el Mercosur, entre otros.

En el 2008 concluyeron las cuatro fases del proceso de implementación del TLCAN. En un lapso de 14 años, las tarifas arancelarias disminuyeron paulatinamente.

Desde la firma del tratado hasta hoy han ocurrido cambios importantes de los hábitos de consumo en las poblaciones de los tres países y, como consecuencia, también cambiaron los padrones productivos con el fin de satisfacer las nuevas demandas.

Específicamente en el sector agropecuario cambió la composición de los cultivos ampliándose en forma significativa la gama de productos ofertados y se redujo la oscilación de precios durante los ciclos anuales, quedando atrás la estacionalidad de la oferta en muchos de ellos.

Con base en el TLCAN, también se han incrementado las inversiones directas entre los tres países, lo cual indujo alianzas estratégicas para comercializar materias primas y la creación de empresas transfronterizas que ofertan productos y servicios.

Ahora, tras haberse concretado el libre comercio en América del Norte en la faceta arancelaria, ya se están dando los primeros pasos para buscar una mayor integración económica regional y para solventar las barreras no arancelarias que persisten; entre ellas, la no circulación de transportes mexicanos en Estados Unidos y los requerimientos de etiquetado por país de origen (COOL, por su sigla en inglés) para la exportación de becerros y cerdos vivos.

De igual manera, por parte de Estados Unidos, se está revisando la entrada en vigor de la Ley de Modernización para la Seguridad de los Alimentos, la cual está enfocada en asegurar el cumplimiento, por parte de los productores y comercializadores, de reglamentos y bitácoras sobre inocuidad en frutas y hortalizas frescas que se consumen en ese país.

De concretarse la integración económica regional, incluido el tema de inocuidad y seguridad alimentaria, se estaría cristalizando la idea original del TLCAN, que busca aprovechar las fortalezas relativas de cada país.

Para los productores y los prestadores de servicios, se abrirían nuevos territorios y por consiguiente la posibilidad de explotar economías de escala, considerando una población regional de 441 millones de habitantes.

Esta integración de mercados permitirá mayor oferta de insumos, más competencia que dará a los consumidores acceso a productos más baratos y de mejor calidad.

*Mario Alberto Lamas Nolasco es especialista de la Subdirección de Consultoría. La opinión es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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